martes, abril 26, 2005

mito

el tipo poseía un refinadísimo pedigrí de mentiroso. tal vez, la sangre que corría olímpica y abundante entre sus venas, no fuera más que agua coloreada con papel crepé. como un auténtico y reputado profesional del universo de lo falso, nadie sospechaba de su pequeño vicio. las madres entregaban a sus hijas envueltas en papel de regalo mientras hacían cuentas sobre el patrimonio generoso del futuro marido que sus nenas acababan de cazar. claro que eran varias nenas las que se preparaban para ir al altar, al mismo tiempo, con el mismo súper marido. varias nenas que buscaban su futuro hogar, su níveo vestido, su servicio de fiestas, su orquesta y su hotel para la noche de bodas. mientras tanto, el mentiroso saltaba todo tipo de barreras para estar presente en las tres casas, atender a las tres novias más sus parientes, figurar en las celebraciones previas de todas y tratar de disimular los kilos que estaba perdiendo devenidos del esfuerzo sobrehumano de hacer lo mismo tres veces por día en diferentes puntos de la ciudad. pero llegó el momento de las tarjetas y los invitados y ahí, no pudo tener todo bajo control. un amigo de una de sus novias lo reconoció como el novio de otros tiempos de una conocida y atando cabos empezó a seguirlo. bastaron dos días para conseguir la evidencia, es decir la otra invitación de boda. cuando lo confrontaron con la verdad, el marido de fantasía simplemente lloró. después, hubo que empezar a devolver los regalos.

lunes, abril 25, 2005

catálogo de novedades

era el típico gordito que a las mujeres nos gusta llevarnos al final de una fiesta. tenia rulitos, sabia todos los grupos de música disco de los setentas y podía tararear cualquier tema con afinación y gracia. sonreía, inocente, sin generar ningún tipo de compromiso ni alarde. con esa misma modestia pidió disculpas y se fue cuando la banda lo invitó a tocar. agarró su saxofón y la rompió el gordito. todos sus pasos no hacían más que sumar puntos a los ojos de las dos amigas que no se movían del sillón. por el lugar desfilaban todos los galanes disponibles de la noche, el tipo alto con cara de francés, aire taciturno y botella de cerveza, el pequeño musculoso que acosaba a una de ellas desde que llegó rememorado charlas que seguramente nunca mantuvieron y el mozo rubio que parecía salido de un relato del romanticismo, delicado y bello, frágil y de mirada penetrante. el tiempo transcurría y la música iba evolucionando hacia el universo de lo bailable. los hombres pasaban una y otra vez delante de las dos mujeres, con el paso resignado de los leones enjaulados. era evidente que, a esa altura de la noche, estaban desesperados por concretar. todo el resto de las mujeres habían venido con sus maridos, así que la dos únicas vestales estábamos evaluando los riesgos de confundirnos con los locatarios o simplemente escapar a tierras más serenas. cuando el francés pidió un whisky luego de tres litros de cerveza quedó automáticamente descartado simplemente por borrachín. el joven mozo no estaba tan seguro de su encanto y simpatía por lo que abordarlo ya daba un poco de pereza. en una rápida maniobra se pudo neutralizar los embates del acosador. mientras nuestro admirado amigo tocaba el saxo y arrancaba aullidos de la audiencia, el anfitrión se acercó y comento que el gordito, gracias a algunos excesos, tenia el cerebro dañado.

domingo, abril 24, 2005

a la deriva 2

revolvió en el bolsillo menor y encontró la pinza de cejas. inmediatamente empezó a trabajar en la zona del entrecejo, si encontraban su cuerpo flotando, al menos no tendría un pelo fuera de lugar.

a la deriva

cuando se le quebró la quilla, se dio cuenta que, si no lo encontraban pronto, podría convertirse en la cena de los tiburones.

sábado, abril 23, 2005

en shangai no hay comida china

todo parece incomprensible a la hora de comer. sorben una sopa que me resulta impenetrable. entonces tomo té todo el tiempo ya que es algo que reconozco y me gusta. no puedo aspirar acompañarlo con unas galletas de la suerte, aun no se occidentalizó el oriente. los chinos resisten y sonríen cuando las cosas se ponen difíciles. cuanto más grande es el problema, más grande es su sonrisa. yo aspiro no generar problemas, apenas lograré pasar cuarenta y ocho horas para dar un vistazo a la ciudad y después decir que estuve en shangai. no alcanza el tiempo para sacar al menos una foto simbólica de esta gran ciudad. me conformo con una vista de la ciudad moderna, el paseo a un par de pagodas y una noche en un karaoke travestí, no mucho mas. vida de hotel. tengo un parque impresionante alrededor y si voy hacia el río me encuentro con otros dos parques espectaculares, el yuyuan y el jing’an. aprendí a tomar el metro, pero no me alejé demasiado por las dudas. esto es muy grande, demasiado para una provinciana que no habla cantonés. mi nariz se desplaza velozmente sobre los olores de la ciudad que, en su zona más sofisticada, tiene espacios verdes y flores por todos lados. no podré ir a un mercado de alimentos, no me da el tiempo para recorrer ese universo caótico de los pescados y las especies. tampoco podré aspirar a conocer los barrios bajos, no puedo hacerlo sin un anfitrión. al llegar me desencontré con mi amigo lucas. me da pena pero mi vuelo desde seúl se atrasó un poco. no pude dibujarle unos gatos blancos, para su hija menor, en la mano. al llegar, ya se había embarcado, tal vez a ámsterdam, tal vez a tel aviv. son difíciles las citas en aeropuertos, no te dejan socializar con esos cambios de vuelo y los atrasos. me hubiera gustado verlo, hace tantos años nos encontrábamos en el tramo de 18 de julio entre la plaza cagancha y ejido y caminábamos por la línea amarilla del medio de la avenida, a las dos de la mañana. éramos tan delirantes como ahora pero dormíamos mucho menos. el escribía unas crónicas surrealistas sobre un malhechor que protagonizaba las tapas de un vespertino de corte amarillista. el negro amaranto. la nuestra era una ciudad vacía. en nada se parecía a esta, que tiene chinos por todas partes. anoche descubrí un juego de boliche en el hotel. me vendé la uña rota y me tiré unas chuzas. no había bolos con agujeros chicos, para dedos de mujer, pero no me importó. la próxima vez traigo la mía.

viernes, abril 22, 2005

una tarde chez rodríguez

estoy en el corazón del negocio de rodríguez. en el escenario principal de su vida, rodeada de torsos desnudos que no transpiran. son de un polímero o fibra de vidrio. en un estante están las cabezas de yeso de elvis y marilyn, esta última pintada con un llamativo rojo en los labios. en este rincón, de la zona de estero bellaco y ocho de octubre, todo es armónico y aterradoramente silencioso. mi anfitrión prometió traerme unas piernas y desapareció en las profundidades del taller. me distraigo viendo, en la galería de cabezas, el devenir de la moda a lo largo del tiempo. ese larguísimo estante es una especie de museo de cabezas de uso comercial. me resulta difícil elegir entre tantas opciones y partes intercambiables. nunca jugué a las muñecas. esto es nuevo para mi. me impresionan un poco las representaciones humanas a escala. no es el caso de rodríguez, que trata a sus muñecos como personas. es más, como personas con sentimientos, con intenciones, con un gran poder de seducción. selecciona un busto y lo manosea con orgullo, como si fuera la ubre de una de sus hijas dilectas. después sugiere una cara – tiene la boquita abierta – y la coloca con un erótico gesto dentro del agujero con clavo del torso seleccionado. se da vuelta, manotea otra parte y dice – esta colita le irá bien – mientras arma el nuevo ser. hay algo que evita que le tenga lástima a este hombre, el nunca está solo. además, tiene las mejores minas.