de repente se vio en el espejo. la vereda estaba llena de coleópteros que en realidad eran cincuentones de barriga prominente que trabajaban en bancos y oficinas públicas. esa tarde se habían sublevado para celebrar el día del orgullo del hombre gris. lo mas sorprendente era el osado movimiento de cadera de los coleópteros, que en algunos casos llegaba a convertirse en una sentadita al mejor estilo lambada. una provocación publica que hacia sonrojar a la enorme hilera de granaderos vestidos de chaleco antibalas negro que estaban con sus boinas y sus borceguíes tratando de mantenerse serios. esa extraña línea de contención era una auténtica mascarada ya que los coleópteros, eran en gran parte ministros y altos funcionarios, inclusive diputados de esos que les votaban el aumento de suelo a los policías, un par de veces por año. en realidad la fila de guardias no hacia mas que proteger del escarnio público a aquel descontrolado grupo de padres de familia que componían una suerte de carnaval de invierno. del otro lado, las cámaras de televisión intentaban conseguir imágenes para vender al mercado internacional de noticias amarillistas. los coleópteros no se preocupaban, circulaban con sus trajes de tela esponja armados con polyfom y se rascaban sus panzas ralladas con aire bravucón. un combo de trompetas y piano eléctrico animaba el baile desde lo alto de un camión de reparto de expedientes. seis músicos con traje de coleóptero transpiraban sin dejar, un segundo, de tocar hits de los tremendos del vallenato. los trencitos de manifestantes se desplazaban por la avenida apoyándose unos en las caderas de los otros, impúdicamente.
miércoles, julio 13, 2005
martes, julio 12, 2005
plan insecto
vengo caminando y cargando una gran tristeza. es como un dolorcito en el alma, medio inesperado, que me agarró ayer de noche y no ha querido soltarme. entonces me pongo los lentes de moscardón gigantes y negros y transito por el centro de la ciudad. el aire cálido, a pesar del invierno, me estimula y después de un rato de cruzarme con tanta gente empiezo a sentir un cierto alivio. si estuviera en la casa de mi niñez podría ir al recodo del jardín, donde estuve tantas veces en el mismo plan, para poder llorar despacito hasta que todo afloja y pasa. pero estoy aquí, parada en la vereda de la casa de mario benedetti, revisando un kiosquito de revistas, leyendo chismes sin comprarlos. mientras la luz del semáforo se demora pasa una conocida de mi infancia. hacia mucho que no la veía, era una belleza y aun conserva algo de aquel porte, pero parece que le pasó la lava de un volcán por la cara, esta como hinchada, marcada por la vida. se me ocurre que ha tomado un poco de alcohol de más o la picó una avispa o se fue un poco de control con los dulces. pero mi plan de esta tarde es otro, estoy tratando con mi propio estado de animo. veo salir un solcito tímido y eso me anima un poco. miro al resto de la personas y me siento como una hormiga mas de camino al hormiguero. solamente que soy una hormiga negra, de tapado de cuero negro, guantes negros, cartera negra, lentes negros. ensayo un sonido de hormiga, una suerte de soplido y empiezo a canturrear. el soplido me da una cierta impunidad, una suerte de frecuencia extraña que solo podrán percibir las hormigas obreras que están en la central. unnnnnnnzzzz, unnnnnnzzzzz, unnnnzzzzzz.
domingo, julio 10, 2005
tejido íntimo
la hija menor de los trapecistas había nacido con un pequeño defecto en la columna. nadie hablaba de eso en el circo. todos aparentaban una supuesta normalidad, tal vez por estar acostumbrados a convivir entre mujeres barbudas y enanos. pero valentina era consciente que su futuro no estaría en la arena del circo. por esa razón se había puesto a estudiar griego desde los diez años, pensando en irse lo antes posible a alguna isla del peloponeso a vender jugos de fruta en un chiringuito. mientras tanto pasaba el invierno dedicada al crochet de dos agujas, una extraña técnica que permitía tejer, al mismo tiempo dos piezas idénticas en tiempo record. ella estaba haciendo un par de calzoncillos de lana para los siameses porque el frío estaba colándose en el carromato y después de cada actuación corrían con el riesgo de resfriarse. dos por tres, la adolescente golpeaba la puerta y hablaba con hugo, el más sociable de los siameses. a él le había tomado las medidas y le hacía las pruebas, suponiendo que a su hermano también le quedaría bien el modelito una vez terminado. se había animado a ponerle una hilera de pompones rosa y negro solo en el par de hugo porque entendía que osvaldo era un tipo más sobrio, que preferiría pasar desapercibido aunque fuera en sus interiores.
sábado, julio 09, 2005
agéndame
mientras elsa se preparaba una taza de sopa, recordó la charla que había tenido con martín durante el fin de semana. una conversación banal, al menos en apariencia, sobre diferentes tópicos intrascendentes. aquel encuentro le había servido para paliar el tiempo libre de los sábados, algo que generalmente la angustiaba. la simple chance de quedarse un rato sin nada que hacer se había transformado en su principal miedo. en especial si no había una persona que la acompañara y le diera la sensación de no haber pasado el día sola. apenas podía estar un par de horas por día en su propia compañía. las utilizaba para hacer compras o pequeños arreglos en la casa, previos a la llegada de visitas. a medida que su aflicción se iba convirtiendo en obsesión, iba bajando el nivel de los acompañantes. podía incluso quedarse un largo rato en la puerta conversando con el vigilante, un hombre tosco y sin modales al que solo le interesaba su cuadro de fútbol favorito que era el oponente del cuadro de elsa. martín le había hablado de unos grupos de respiración en los que había participado, que hacían reuniones multitudinarias para las que se preparaban con estrictos ayunos y en las que aullaban arrodillados durante toda una noche. ella lo había escuchado con interés, asintiendo con la cabeza mientras pensaba como resolvería el siguiente hueco, el próximo fin de semana.
viernes, julio 08, 2005
diviérteme
había tenido siempre la habilidad para imitar a otras personas. podía pasar horas haciendo un personaje solo para entretener a sus amigos. capturaba la manera de hablar, los gestos del rostro, los tics y vanidades de sus imitados, el resultado era hilarante. aquella noche en el bar, se encontró con un par de personas a las que quiso impresionar. sin saber muy bien porqué, se lanzó a describir a un infeliz que vivía gracias a la caridad de una organización judía, se vestía con gran elegancia y enloquecía a todo el mundo con su megalomanía. el personaje era un tipo insoportable, que no podía parar ni un segundo de hablar estupideces con los más mínimos detalles. al mismo tiempo, era alguien de una vasta cultura y estudios, un desconsolado de esos que las ciudades albergan en los rincones más inesperados. un fracasado que ya no tendría tribuna porque estaba viejo, pobre y solo. entonces empezó a imitarlo, a hablar sobre cualquier tipo de imbecilidad con un detalle exquisito, describió lo que había hecho el personaje en las últimas veinticuatro horas, lo que había leído, lo que había dormido, la manera que se había desvelado y el programa radial que había sintonizado. los demás celebraron con sus risas el logro. no conocían al personaje pero lo estaban viendo en su mejor imitación. entonces el imitador trató de volver a ser el mismo y no pudo. quizo recuperar su tono de voz y seguió hablando como el tipo, intentó olvidar los gestos y tics pero aquel infeliz le había quedado adentro del alma, tatuado para siempre.
a la hora del almuerzo
se abrió la puerta y entró una liliputiense. una dulce ancianita con un tapadito de pelo de camello, unos primorosos zapatitos marrones de taco con una delicada hebilla y unas ondas adorables en el pelo. es una cliente frecuente del lugar, las mozas le sonríen y la reverencian. es absolutamente encantadora, sus ojos brillan como su dorada bijouterie. el vaso de agua, el azucarero, todos son más grandes que su rostro. ni hablar del inmenso plato de risotto que ahora tiene por delante. ella podría usar ese plato, de piscina y reeditar el éxito de escuela de sirenas, ahora en versión senior.
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