domingo, junio 04, 2006

telemarketing y coronillas

llamo porque quiero saber si le llevaron la leña. espere un segundo que voy a preguntar. si, el jueves vino la leña. ah. porque ? porque el domingo voy a ir a su edificio a llevarle leña a su vecino y queria saber si a usted no le convendria tambien encargar leña. no, ya tenemos leña. pero tengo a peso con cincuenta el palo y estan muy secos, muy buenos. pero ya le dije que compramos leña. si pero el domingo voy a ir a su edificio al 204 y entonces....¿ cual es su apartamento ? como...? me llama y no sabe con quien esta hablando ? porque se la voy a llevar a juan carlos. bien, pero aquí no vive juan carlos y no queremos leña. claro, pero no se olvide que el domingo voy por ahí y tengo una leña a muy buen precio, seca y se la voy a llevar a juan carlos y si usted va a estar... ¿ estara el domingo usted en su casa ? mire esta no es mi casa. la dueña no está. no se si estará el domingo pero ya me dijo que no quiere leña. digame a que hora habra gente yo voy y se la muestro. ¿ todavía no entendió que aqui nadie quiere leña ? que no hay sitio para guardar mas leña en esta casa señor ademas no voy a estar, ademas la dueña no quiere comprar más leña. usted me esta tomando por idiota ? esta bien. pero no se enoje.

viernes, junio 02, 2006

es mía y a mucha honra

a esa altura del partido la joroba era una parte de si que aceptaba y estimaba. le había empezado a asomar cuando solo tenía dos años y había tenido que aprender a acostarse de modo tal que no le interrumpiera el sueño o la respiración. tiempo después, haber tenido esa especie de quilla había empezado a tener su encanto. había quedado en el recuerdo aquel cumpleaños de quince en que un muchacho se la acarició por primera vez mientras stevie nicks cantaba dreams, en una grabación de los tiempos en los que no tenía aun la voz filtrada por escocés. la joroba tenia su propia sensibilidad, independiente de la espalda. en los días de humedad se hacia notar, como si fuera una antigua fractura de peroné, suave pero insistentemente. cuando venían los fríos, era la primera que convenía abrigar, porque los estornudos originarios en la joroba no se curaban en todo el invierno. a veces, en los tiempos escolares sentía a su paso que la gente hacia comentarios, entonces se lavaba un poco salteado el interior de las orejas y con eso evitaba enterarse del contenido malévolo de aquellos dichos. era preferible pasar por sorda que andar amargada por la vida.

martes, mayo 30, 2006

paseando por la bella

aun nublada y con las calles atestadas de camiones de reparto, buenos aires se ve linda. descubrí una panadería a la antigua en la calle arévalo, de esas que fabrican napoleones y galletas de miel de las grandotas, medio duras y exquisitas. por aqui todo parece posible en esa mezcla violenta de lo clásico con lo moderno. es uno de los sitios en los que distingo más artículos de belleza destinados a los hombres. pobre del pelado o del tipo con barriga. aquí nadie se lo perdonará facilmente. cientos de unguentos y cremas los esperan, masajes, ejercicios, pócimas de recuperación capilar. el galán porteño de pelo abundante, corte al estilo iracundos y pelo blanco debería ser nombrado ciudadano ilustre o algo asi. los hay taxistas, empresarios, dependientes de farmacia. en todos lados están estos especímenes entre cuarenta y cincuenta años que aunque no los tengan puestos, tienen configurado un traje cruzado en el aura. a pesar del tráfico, me siento cómoda en este caos levemente orientado hacia alguna parte. atravieso la ciudad a pie, como me gusta hacer cuando tengo tiempo o mucha voluntad para perderlo, solo por el placer de ver toda la gama, de pisar todos los suelos y escuchar todos los matices del argot local. estreno botas asi que nada mejor que llevarlas a conocer esta ciudad, bella y grandota en la que siempre surge un piropo gracioso de esos que te dejan con una sonrisita pintada en los labios.

sábado, mayo 27, 2006

los trucos de un viejo zorro

ahí estaba osvaldo, enfrentado al espejo y a mi cabeza medusa enredada de espeso pelo marrón. solo, como clint eastwood en el duelo final de un spaguetti western, munido de un cepillo redondo numero uno. como si tuviera una 22 o un revolver de juguete con fulminante. arma insignificante si las hay. trataba de hacer pesar su veterania, su don de lobby, pero eso no podría alcanzar para satisfacer mis exigencias. el lo sabia. yo lo sabia. pero seguíamos ahí, perdiendo tiempo en el espejo principal de la peluquería, yo con la cabeza mojada y arrepentida de haber entrado, él con la duda pertinaz sobre su capacidad de dominar mi pelo. nunca admitiría que no sabia peinarme. que no tenia la mas mínima idea de cómo pulir una punta del cabello. ni las más mínima. por esa razón saltó sobre una planchita de láser que guardaba, para casos de emergencia, en una cajita cartón. enchufó el aparato y empezó a rostizarme el pelo hasta que tocó mi oreja y mi pequeño gritito más el olor a carne quemada lo desanimó un poco. ni la tecnología podría evitar aquella evidencia : no sabía peinarme y era el dueño, amo y señor del salón de belleza. de allí salían las mujeres aduladas y mal peinadas a la calle, peor cortadas y mucho peor manicureadas. de su templo, el que dominaba desde su metro noventa de altura y sus aires de duque en el exilio. entonces utilizó el truco más antiguo : la conversación. ese que no usan las peluqueras jóvenes de cortes desmechados que generalmente me atienden, porque sólo tienen tiempo para aplicar la técnica y recibir la propina. osvaldo podía darse el lujo de demorar aunque ya fuera de noche. hacer preguntas, comentarios graciosos y movimientos totalmente falsos alrededor de mi cabeza, como si estuviera ocupado con el diseño de una planta nuclear. idas y venidas con el mini cepillo, retorcidas inútiles del pelo y esa frase matadora que todo lo puede : “ pero que ojos tan preciosos tiene “.

miércoles, mayo 24, 2006

big mama

cuando la conversación habia tomado el rumbro correcto y estaban encargadas las verduras a la parrilla, la pata de pollo dorada y el acompañamierto, escuchó la más extraña sinestesia que alguien le hubiera pronunciado en su cara, impunemente. su anfitrion, era un hombre sofisticado, de esos que usan perfume un domingo en la mañana. después de hablarle de un artista al que le tenia respecto, remató con el comentario : tiene un auto como el mio. despues, se detuvo a decribir el modelo de land rover. a partir de esta pequeña coda, de esta frase breve y quizas insignificante, ella quedo fuera de la conversacion. distraida, lejana, ausente de cualquier pensamiento lucido. quedó vacía solo de escucharlo. como si le hubiera extirpado con la lengua aquel remedo de buen gusto que trataba de conservar. miró a la vereda y vio pasar otro carrito con basura, otro adolescente sucio con una gorra maltratando a un matungo. detrás, un cartel naranja emulaba la señalética de alguna ciudad alemana : montevideo de todos. somos como frankfurt pero con basura y gente miserable comiendola de los tarros. pero nuestros carteles nos ayudan a creer que somos casi alemanes. después miro el plato aun vacio, las mangas del saco de fino cashemire que habia sacado de su ropero. una pieza que habia comprado de las manos de la diseñadora. una especie de joya que habia mantenido envuelta durante un año esperando la oportunidad para lucirla. a esta altura, algo casi sagrado. empezó a recordar como esta prenda maravillosa ahora se habia convertido en bufanda, en chal, en saquito, en lo mas cotidiano de lo cotidiano. en esos pensamientos encargó a su alma a la espera del gesto del parrillero, la gestión de la moza y la definitiva digestión del almuerzo.

sábado, mayo 20, 2006

jet cars

un sitio inesperado en el medio del tránsito feroz de las siete de la tarde por la avenida manuel montt. un reducto que no coincide con la zona clave de la movida nocturna. un extraño remanso para nostálgicos. la posibilidad de hacer un viaje en el tiempo, sin pasaporte, a nuestros mejores anhelos de infancia. ahí adentro todo parece correr más lento y gracioso. la enorme vidriera expone en varios niveles, con un orden absoluto, toda la línea de productos. tan solo atravesamos la puerta nuestros ojos se acostumbran a un nivel mas bajo de iluminación. no se necesita nada más para ser feliz en el templo del vehículo infantil de todos los tiempos. en segundos uno queda prendado por esa interminable muestra de autos de latón y caño, carros de caño pintado con soplete, autitos a pedal, carritos de arrastre de hierro y madera, triciclos de rueda fina y bicicletas de clásicas y modernas. hay de todo lo que uno pueda desear para trasladar un sueño de infancia, todos los tamaños, texturas, velocidades y colores. cualquier niño afortunado que haya vivido entre los cuarentas y la actualidad puede reconocer en este lugar el transporte que tuvo o quiso tener, desde un autito de carreras hasta una chata simple con rulemanes. quien pudiera achicarse por un rato para pilotear un bólido celeste cuya capota de lata exhibe orgullosa e incorruptible un enorme y amarillo numero nueve.