la mujer que no sonríe mira siempre con ternura, con un poco de locura, el pie de su acompañante. un eterno vigilante le enciende el farol atento, dejándola sin aliento y con el mohair mojado, como si hubiera escampado el llanto en su misiadura. sus zapatos cocodrilo apenas le chancletean, su garganta, su melena, están tan acostumbradas, a las murgas, las payadas y otros deslices así, no respetan pedigree ni palabras de contento. ni en la puerta del convento, ni en el muro de cebollas, olvida lo sucedido, sobre todo si es vivido en un mar de risotadas, con amapolas moradas asomando tras la oreja. un pájaro militante aterriza en la layota, intentando sin derrota, un desayuno abundante. mientras tierno y visitante, el gato gordo de carne, espera bajo el enjambre de las hojas del jazmín. nadie espera en siesta eterna, que el mundo cambie o mejore. más simple si en una hora, el tubo te lo abrillanta y te deja en la garganta las noticias dolorosas, sin frases que son piadosas ni descansos domingueros. ni con basto ni sombrero pueden suplirse los miedos, los boliches, los enredos, las memorias, las personas, los que subidos están al tablero con damero, poniéndose de sombrero al caballo y al alfil usan guantes de terfil y se calzan bien la banda y corona en el balero. es rojito ese color, que pinta en el horizonte, como un ojo maltratado de un pescado del estero, que lucha contra el celeste que se impone en la caída del febo como si fuera imposible combinar lo que has tenido con el futuro infinito.
sábado, enero 15, 2011
lunes, enero 03, 2011
los turistas
los días nublados los turistas vegetan por el pueblo, buscando alguna cosa que los ayude a matar el tiempo. inventan recorridos culturales, revisan librerías, se meten en zaguanes para espiar la vida de artistas desconocidos. a falta de artistas, cualquier vecino puede cumplir el papel de exótico. por eso, doña marta y sus tortas fritas con pasas, se pueden convertir en un día nublado en la atracción de la temporada y recibir toda clase de visitas, desde un príncipe hasta de un astrólogo que le ofrece compartir el negocio. los días nublados, los turistas son creativos. se internan en los sitios apartados, donde la gente común vive su vida cotidiana y se entrometen en sus cocinas a enterarse como que olor tienen, atraviesan la letanía pueblerina de sus charlas para saber como opinan. en un día nublado un turista, es como un expedicionario con cantimplora, dispuesto a caminar, a subir montañas, a atravesar las cortinas de tiritas de nylon, a lanzarse encima de alimentos aparentemente autóctonos, a conversar en lenguas raras con lugareños de apariencia apacible sobre asuntos apasionantes que seguramente olviden cuando se suban a sus autos y vuelvan a sus departamentos con vista al mar . y a otro día vendrán el sol y el olvido. que peligro el que corre el turista con su ocio, el turista infectado por el aburrimiento, el turista que deambula buscando el paraíso y no encuentra a quien decirle que es turista. ¿ volverá el turista hastiado la temporada próxima ?- se pregunta el ministro – no lo sé, responde el sub-secretario mientras aplasta una mosca con la punta del lapicero. ¿qué habrá pasado que este año no han venido ? - se pregunta el ministro – “ tal vez se aburrieron “, responde el sub-secretario. y los miedos se extienden y se reproducen por los pasillos del ministerio, del gabinete y llegan convertidos en nubes, al baño presidencial.
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domingo, enero 02, 2011
laguna negra
estábamos en silencio, mirando el horizonte mientras el agua empezaba a avanzar suavemente con el atardecer, mojándonos los pies, las rodillas y los muslos. habíamos pasado dos noches sin dormir, dedicados a la conversación y el chisme, hablando de viajes y fantasías. detrás, quedaban los restos de la cabaña quemada, apenas unidos unos con los otros, humeantes, frágiles y temblorosos nos miraban con ojos negros. nunca habíamos estado tan cerca, quizás por casualidad o por miedo a enredarnos, fruto de nuestros turbulentos pasados amorosos. éramos una simple combinación de piel, huesos y pelos mojados que emitíamos risitas nerviosas, en aquella extraña situación. me dieron ganas de hacer un chiste, una vulgaridad, como evocar la “laguna azul” o algo así. pero eso lo obligaría a hacerme un bebe instantáneo, como si fuera la misma brooke. aquella no era una situación romántica, quizás era solamente una instancia singular, mágica y desconcertante. nunca me hubiera atrevido a hablarle con franqueza de mi admiración hacia él. quizás era la barba tan larga la que me imponía un respeto y una distancia prudencial. siempre habíamos tenido una complicidad natural, tal vez por ser contemporáneos y transitar sitios de otros asombrosamente diferentes a nosotros. el era un fotógrafo sin cámara. yo me parecía a un tizón en apuros. pensé con algo de resignación, que me estaba perdiendo la única oportunidad de abordarlo. tenía la cara de un conejo resignado. ni la nariz era interesante, ni los ojos muy abiertos y la boca le colgaba sin demasiado garbo. la risa era su único patrimonio, especialmente porque celebraba a todo volumen cualquier asunto y lograba un efecto afrodisíaco en los demás. tuve ganas de tener una bañera con agua tibia, unos jaboncitos de coco y miel, una alfombra peluda de lino y tantas otras cosas que no eran sus brazos, ni sus piernas, ni su aliento. me meti en el agua para deprenderme el humo y nadé.
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sábado, enero 01, 2011
milonga usted
junto a una columna, un pibe vomita con la asistencia de otro, un poco más grande y con pinta de plancha. el resto, es una enorme llamarada que sale de un medio-tanque, donde también se amontonan los panes y los chorizos para una noche agitada. sin lugar a dudas, llego a buen puerto. la milonga está en marcha desde hace un rato, con música que sale de una computadora. unas pocas parejas bien aceitadas de veteranos canosos y jovencitas, circulan sobre la madera. el resto, es ambiente familiar. en una mesa, un hombre insiste en leer la diaria, a pesar de la penumbra. unas muchachas se sacan las zapatillas y se calzan sandalias. en el pisotón no abunda el protocolo. los viejos de championes, las muchachas como fueran. el asunto, consiste en moverse por la pista y eso, está garantizado. en las pausas del bailongo, suenan acordes de los beatles o de charly garcía o los doors. los bailarines no se impacientan por esos cambios de estilo. por el contrario, usan el tiempo para organizarse. hay un patio de fumadores donde la gente se dedica a la conversación y las relaciones públicas. venden brownies. la cocina tiene un cartel que advierte que los niños tienen la entrada prohibida. hay tartas también. el público se sienta en el piso y rodea el escenario cuando tocan los músicos. hay un silencio respetuoso, un clima de ritual. un cariño también. los artistas lo saben, intuyen una devoción que no se encuentra en una tanguería o un boliche cualquiera, donde los mozos llevan la comida mientras ellos tocan o cantan. estos bailarines o tangueros o curiosos están como en misa. después pasaran la gorra y habrá un aplauso agradecido. todo es muy hippie pero hay una gran elegancia ante los artistas. la noche terminó. cuando estaba llegando a casa, me vino un hambre horrible. entré a un bar y lleve un brazo de gitano. cuando abrí el paquete y acerqué la boca al azúcar impalpable me invadió una extraña combinación de merluza y heladera, un híbrido inesperado que me indicó el camino del ayuno.
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jueves, diciembre 30, 2010
ante todo, los modales
con el mayor respeto señora, váyase a la mierda. esa había sido la manera de despedirse de su empleadora luego de tres años de sutiles pero pertinaces actos de maltrato. solo le quedó manotear el casco y subirse a la moto. el verano aún no había comenzado y las hordas de turistas estaban llegando. en algún sitio, tendría trabajo. en épocas de abundancia, se podía resguardar algún espacio para la dignidad. la patrona se quedó con las monedas que le había retaceado en el cambio entre dólares y pesos, clavadas en la mano. se quedó con las cortinas que sospechaba no habían sido lavadas. con el baño que no había sido repasado suficientemente. con la casa que no había sido fregada con el esmero que ansiaba cuando estaba a 2000 kmts. del lugar. la montaña de ropa planchada de una forma que no la convencía totalmente aguardaba en una silla en un rincón de la cocina. los plantines del patio seguirían ahí, tirando tierra que no tendría rápido barrido. el reguero de arena que siempre pendía desde la puerta del auto hasta las habitaciones había quedado, momentáneamente huérfano, como los calzones del marido que estarían unos días más ardiendo en la canasta de la ropa sucia. nadie se haría cargo de limpiar las sobras de la pantagruélica comida navideña ni la caca de los tres perros enormes que circulaban por la casa. prendió el señalero y se mandó por san remo hasta roosvelt. desde ahí hasta el barrio del hipódromo sería solo un rato. con el viento en la cara.
miércoles, abril 21, 2010
por la cornisa
por momentos, embullía todo lo que estaba en el plato de manera feroz. en otras ocasiones hacía un discurso absurdo sobre sus intenciones de ponerse a dieta y enumeraba todos los cuidados que estaba teniendo con su silueta. en esos tramos de la conversación podía perfectamente alejarse y viajar con la mente hasta cualquier otro lugar, inclusive podia fumarse un puro imaginario y tirarle el humo ficticio en la cara. eran las libertades que podían sacarlo de la situación y alejarlo de la escena algo bizarra que le tocaba protagonizar. maddie se conformaba con plancharle las camisas y administrar una suerte de torre de ropa plegada que amenazaba todo el tiempo con cubrirla. por las tardes miraba por la ventana a las mujeres que pasaban por el boulevard con sus compras en la mano, conversando entre amigas y pasandose chismes sobre los artistas del momento. mientras él dormía, se pintaba las uñas de los pies con dedicación. cuando él estaba en el baño, lastimaba a su gato con una patada. si sentía que estaba fuera de su area de control, escupía en su comida. el resto del tiempo sonreía con aire sumiso cada vez que él la mencionaba. “ maddie cocina muy bien “ -declaraba con aire de perdona-vidas. era el comentario más favorable que recibía a la hora del almuerzo, cuando había visitas. el resto del tiempo, el comisario no se dirigía a ella. simplemente hablaba solo sobre su principal preocupación de aquellos días : la desaparición de la niña de los parker. había estado sobre una pista cierta y la había abandonado porque sus hombres, tim y promer tenían calor. se habían metido a comer helados y el sospechoso se les había escabullido. nadie se hubiera enterado pero ellos mismos lo admitieron entusiasmados en una entrevista con el diario local, denunciando alegremente su ineficacia y la de todo el cuerpo del cuerpo policial. “idiotas, ahora, tengo a todos encima mío “ mascullaba el comisario una y otra vez, mientras su prestigio se iba por el retrete.
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