eres como el david. estas ahí, quieto, lejano. no tengo ni la más remota idea de lo que piensas. hombre de bronce. metido en tu asunto, en tu maldito centro. no puedo pasearme como una mosca de enero por encima de tu nariz para que me percibas. en realidad puedo, pero no tengo la voluntad de hacerlo. estarás ahí, pegado en el cemento por siempre. edito el libro de hojas negras. todas serán iguales, rectangulares.negras de principio a fin. escritas en una noche, nada más. estaré enamorada del viento. de la sudestada que me arrastra cada poco tiempo. me dejaré llevar por el favor del viento y andaré despeinada por su ímpetu. miraré mis zapatos nuevos hasta cansarme de su imagen. espiaré por el rabillo del ojos tu mundo, fingiendo indiferencia y desinterés.dejaré que pasen muchos vientos. buscaré muchos pares de bellos zapatos nuevos para admirar. sin querer, me iré olvidando de cada palabra, de cada intención, de tu teléfono. sin proponerme nada, iré llevando cada una de tus cosas hacia la nada. hasta borrar tu rostro. tu nombre. tus chistes. aquella bestialidad. no te pareces en nada al david. él, es de bronce. él, es bello. él, es joven.
sábado, noviembre 03, 2012
sábado, octubre 06, 2012
te traje algo
tenía un código secreto para diferenciar a los que iba a dejar en poco tiempo. un regalo. a veces era un presente pequeño, a veces artesanal, a veces era un regalo ofensivo, otras era algo sensacional. libros, tatuajes, comidas, dibujos, manuscritos, cachorros. cualquier elemento que pudiera independizar de su vida era el sutil mensajero del desprendimiento. el procedimiento no seguía ningún protocolo. en general, preparaba el regalo cuando había una cierta duda, una pizca de hastío, cuando detectaba un gesto de brutalidad que no podría tolerar en el futuro o simplemente empezaba a bostezar. un acto de naturaleza mágica, un conjuro no preparado con todos los ingredientes. el obsequio podía incluso contar con un bello envoltorio, porque en el fondo, no era cuestión de insultar a nadie. después solamente había que esperar uno o dos, tal vez más meses hasta que el beneficiario actuara en consecuencia y se mandara mudar.
miércoles, septiembre 26, 2012
patchwork
estamos con las rodillas apoyadas en la hierba. el prado está en silencio, nosotras también. nos pasamos una bebida dulce, hecha en base a vino, azúcar y varias pimientas hasta que el cielo se cubre de noche. extendemos los brazos y tocamos a la que está en el costado hasta quedar enlazadas. nos reímos al principio un poquito, después en forma estridente. iniciamos un murmullo fino, delicado, que cubre el predio y sigue tejiendo un manto hasta espantar a las lechuzas que están en los árboles de un monte lejano. el ritual de la miel, nos envuelve entre flores y estrellas. somos muchas, cientos tal vez. hasta las vacas saben lo que estamos haciendo, y los grillos y otros mamíferos que nos observan a prudencial distancia. nuestro murmullo se convierte en canto, en un hermoso canto de sirenas. cuando sale el sol nos vamos borrachas, desvestidas, hacia la ciudad, en nuestros autos desvencijados.
martes, septiembre 25, 2012
vuelve mrs. robinson
él es algo así como un maestro del make up. un súper dotado de la simulación. pocos lograrían esa sutileza en un efecto especial. el problema, es que sus clientes, tal vez sea mejor usar el eufemismo “alumnos” o “fieles discípulos”, creen que el proceso, simple capa con algo de brillo como un esmalte de uñas, es más profundo y elevado de lo que realmente puede ser. no se trata de lobotomía sino de un sencillo recubrimiento que distrae pero no evita la profunda ignorancia. tal vez, la falta de originalidad del maestro los conduce a todos a una misma trampa de autores, citas, conceptos. la condena es repetirse por lo alto y lo bajo, reproducirse ad infinitum como siluetas de cartón pintado sin mayor color o contraste. repetidores de fórmulas, cortadas como por un sastre que está incapacitado para usar otro molde. pero no importa, en el mercado del ego, nadie será crítico. todos se sentirán singulares y mostraran sus hazañas en el barrio, dejando atónitos a los vecinos mientras riegan el jardín o pasean al perro de aguas. no importará nada porque estarán protegidos por una inmunidad superior, la que les otorga un determinado poder. esforzados héroes del mañana, cultores de las batallas ganadas en el pasado, escupidores de frases de un origen dudoso pero un carisma fundamental, griegos truchos y romanos inconfesables, siempre dispuestos a una nueva odisea, a un baile de máscaras, a una fiesta en beneficio de un niño que perdió un ojo tirando cohetes. no habrá quien separe, lo crudo de lo cocido. no habrá manera de seleccionar. todo será una mansa informe y sin sentido, con el fin de impresionar. tal vez alguno, en una noche aciaga, mientras ensaya con sayo ajeno, sentirá tal vez una cosquilla, una sensación extraña en el estómago, una brizna de duda sobre la necesidad de hacer una trampa que posiblemente, ya hizo en el liceo.
sábado, septiembre 08, 2012
dioses y duendes
aquella noche, el jardín había recibido más visitas que nunca. los cuerpos giraban exhaustos por el inmenso césped. de a ratos se oían las carcajadas de las parejas que correteaban desnudas por la glorieta, saltaban a la fuente y se tiraban abrazados sobre los canteros cultivados con calydoreas. los perros estaban en el canil desde mediodía con la panza llena, para no interferir con sus ladridos en la noche estrellada. la dueña de casa había desaparecido temprano en la limusina de unos amigos, tal vez rumbo a la playa a fumar opio. el mayordomo, dormía plácidamente gracias a un somnífero. en la cocina, las mucamas de guardia miraban la repetición de su telenovela en el cable, con auriculares puestos. la orquesta, tocaba en el balcón blanco un himno polaco y el director, borracho como una cuba, apenas lograba mantener el equilibrio. los músicos seguían como hipnotizados unas partituras interminables sin aflojarse el nudo del moño. en un sofá, dormitaba la madre mientras su joven amante surfista le lamía los dedos de los pies. por todos lados había copas de cristal de todo tamaño y contenido, bandejas con restos de petit fours saladas y dulces, chaquetas de terciopelo, mitones, sandalias y escarpines. dos mellizos adolescentes de piel blancuzca, perfectamente vestidos de negro hablaban de nietzsche abrazados en un rincón. en la biblioteca, bajo una abundante cortina color oro se divisan mi torso, mi bolso, mi pelo y tus lentes.
domingo, junio 24, 2012
en el otro mundo
la tarde anterior, había revoloteado en la colección de orquídeas. esas flores llenas de misterio que parecían estar siempre dispuestas a sorprender sin avisar demasiado. frágiles y al mismo tiempo fuertes, extrañas y extranjeras, colgaban de las ramas del jardín y se ocultaban en pedazos de corteza que su dueño había seleccionado. “ todas son robadas” pensó. tal vez por eso, el jardín tuviera tanta alegría. una pequeña celebración de lo prohibido.
interrumpían el sueño a las cinco, para hacerse caricias con la mano, con la voz, con la punta de la lengua.después se envolvían otra vez en sus cuerpos de cáscara de naranja y continuaban ronroneando hasta perderse nuevamente en el silencio.
cuando entró, sintió que algo le oprimía el pecho. no era una emoción singular, sino una sensación producto del ambiente. había entrado a una suerte de templo franciscano, de esos que no han sido, durante siglos, trasvasados por el aroma de una mujer. los muebles, los colores, las personas, los ángulos, habían sido distribuidos en función de un único objetivo: imponer respeto, tal vez inspirar miedo. adusto, austero, serio, severo. casi una celda de castigo. repasó con la memoria el refectorio que había visitado recientemente, en el área de la vivienda sacerdotal donde pueden acceder las mujeres. era un ambiente respirable, comparado con este claustro cívico. quiso escapar, pero la entretuvo la amable charla de su anfitrión.
dos gotas no se parecían más que ellos. las gotas, son todas diferentes. con mucha voluntad, probaron trazar puentes, en un intento de creerse parecidos. como si esto pudiera salvarlos de una posible debacle nuclear.
cuando se fue, no tenía una idea cabal de lo que sentía. se dejó envolver por el aliento de una duda mayor. regresó al gineceo, a las tostadas con mermelada, a las superficies blandas, al calor.
al día siguiente, reconoció que había tenido ganas de abrazarse a la secuoya, la única mujer con la que se cruzó, en un rapto de soledad. un pequeño pudor se lo impidió.
interrumpían el sueño a las cinco, para hacerse caricias con la mano, con la voz, con la punta de la lengua.después se envolvían otra vez en sus cuerpos de cáscara de naranja y continuaban ronroneando hasta perderse nuevamente en el silencio.
cuando entró, sintió que algo le oprimía el pecho. no era una emoción singular, sino una sensación producto del ambiente. había entrado a una suerte de templo franciscano, de esos que no han sido, durante siglos, trasvasados por el aroma de una mujer. los muebles, los colores, las personas, los ángulos, habían sido distribuidos en función de un único objetivo: imponer respeto, tal vez inspirar miedo. adusto, austero, serio, severo. casi una celda de castigo. repasó con la memoria el refectorio que había visitado recientemente, en el área de la vivienda sacerdotal donde pueden acceder las mujeres. era un ambiente respirable, comparado con este claustro cívico. quiso escapar, pero la entretuvo la amable charla de su anfitrión.
dos gotas no se parecían más que ellos. las gotas, son todas diferentes. con mucha voluntad, probaron trazar puentes, en un intento de creerse parecidos. como si esto pudiera salvarlos de una posible debacle nuclear.
cuando se fue, no tenía una idea cabal de lo que sentía. se dejó envolver por el aliento de una duda mayor. regresó al gineceo, a las tostadas con mermelada, a las superficies blandas, al calor.
al día siguiente, reconoció que había tenido ganas de abrazarse a la secuoya, la única mujer con la que se cruzó, en un rapto de soledad. un pequeño pudor se lo impidió.
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