domingo, enero 09, 2005
carretera perdida VI
sábado, enero 08, 2005
carretera perdida V
vamos tras los cultivos de verano. tu, la cámara, el trípode, la película, yo y la valija del auto cargada a tope de draft guinness. nos empuja la música de ray cooder en su etapa de desierto californiano, antes que se dedicara a explotar el mambo y la rumba. tenemos marcado un circuito de caminos vecinales y vamos tras el maíz. pero el sorgo es hermoso y paramos a ver el perfil de la ruta con esos penachos violáceos y marrones que deslumbran cerca de malabrigo. después son diez kilómetros de lagartos plateados asomados al asfalto, perpendiculares a nuestro recorrido, suspendidos en el calor, pasando mahoma. todos son distintos, todos son espectaculares. paramos en palmitas por un vaso de vidrio frío, algo indispensable para saborear mejor la cerveza. se anuncia un gran baile, con los “ universitarios “ que se peinan como farrah fawcett y nos sonríen desde un afiche casero. nos refrescamos un poco en el baño del bar, intercambiamos labiales y aceleramos el paso rumbo al hum .
levantando tierrita
sos informal, pero te adoro
viernes, enero 07, 2005
carretera perdida 32 1/2
atravesamos un bosque tropical con manglares y nos fuimos alejando del asfalto y la gran carretera a bordo de un mercedes amarillo. la conversación latosa de mi anfitrión, un español con botas tejanas, me aburría por demás por lo que me centré en observar el camino. pasamos un peaje sin pagar, sólo con un saludo de mano. un cartel anunciaba la academia el mástil y el ingreso a las marinas, siempre en dirección al virginia key. tomamos hacia el lado contrario donde sólo había camino polvoriento con árboles altísimos. cuando aterrizamos en jimbo’s estaba sonando zappa en la rockola, eran las tres de la tarde del domingo y un vietnamita sesentón, con un cap verde oliva, bailoteaba alucinado con una flaca contemporánea, tatuada, de pelo largo y look hipposo. Los dos se movían, acompasados y suspendidos, en el medio de una nube personal de ácido en la que solo ellos estaban incluidos. junto a la cancha de bochas, además de los parroquianos, estaba la heladera con cervezas de a dólar. un sonriente muchacho que nos ofreció pescado ahumado como único menú. el dueño, jimbo, charlaba con otros clientes detrás de la barra mientras les vendía cebo de pesca. de fondo, los restos de la escenografía de flipper, una suerte de aldea seudo-balinesa pintada de colores fuertes con un vw estacionado enfrente y decorado a tono. a nuestros pies, el pequeño muelle con lanchas .