viernes, febrero 25, 2005

réquiem por el alma de la polla laura

para aquella familia, cenar una mascota en navidad era lo más natural del mundo. el pequeño y variopinto zoológico en el fondo de la casa, se podía convertir, rápidamente, en granja de engorde y centro de faena clandestina de fauna protegida. el adorable conejito pompón, regalado en reyes a las niñas y manoseado hasta el cansancio, podía encontrarse un año después, en versión adulta, sumergido en la cacerola en compañía de papas y perejil. la elegante pareja de faisanes, pico y paca, que había engalanado con su presencia la colección, podía perfectamente ser rellenada con trufas y transportada en una vulgar asadera. aquella mulita, que inclusive había estado en dos clases de la escuela, para que los niños citadinos aprendieran a respetar nuestra fauna autóctona, se convertía en un manjar para regar con vino en una reunión de amigos. federico, el diminuto ganso que acompañaba cual perro faldero a la menor a hacer los mandados al almacén y era la atracción de la cuadra tuvo la mala idea de enfermarse del granito y fue el único capaz de dejar la faz de la tierra sin lucir en el cuero, condimento alguno. el inolvidable carpincho pancho, que bailaba el pericón con el tío bernardo, que lo había criado desde chiquito en el campo y había animado por años las fiestas familiares, fue motivo de un pantagruélico asado con más invitados que lo habitual. nunca me olvidaré cuando llegamos al ultimo día de clase en sexto año y la abuela de mi amiga la gorda apareció con aquel regalo maravilloso para cada uno de sus nietos. pollos de colores, teñidos de furioso verde ó violeta. yo entendía que en mi casa nadie me regalaría un pollo gracias a un prejuicio sustentado en la mala opinión de mis padres sobre el desempeño intelectual de los plumíferos de gallinero. pero pese a ese razonamiento y justificación, cuando vi los tesoros que mis vecinas acarreaban de arriba a abajo, sentí que mi vida podría ser mucho mejor con un pollo verde. cuando los días pasaron empezamos a enterarnos como iban muriendo los pollos de los primos, los violetas perecieron primero hasta que la parca se llevó también a los ejemplares verdes dejando, después de unos meses a un solo ejemplar : la polla laura. fue pasando el tiempo y laura mantuvo su chapa de superviviente a la barbarie fashion que había diezmado a los demás miembros de su familia. ella era un símbolo – al menos para mí – de la resistencia femenina al caprichoso dictado de la moda. como polla joven, laura era blanca. ni rastro de su pasado verde y escandaloso. si bien había animales nuevos en el fondo, laura aún era llamada por su nombre y compartía jaula con algunas otras especies pacíficas que habían llegado a la casa recientemente. confieso que, a la luz de su pasado doloroso, tenia la esperanza que laura pudiera convertirse algún día en adulta y así llegar a vieja después de una larga y productiva vida, caminado oronda, al trote, por el pedregullo rojo. pero a ella le cabían las generales de la ley y si bien sobrevivió a la navidad y al año nuevo, sin casi enterarse de la gravedad de estas fechas hubo un cumpleaños en julio que se la llevó definitivamente. mi amiga me dijo que ese día ella no comió, pero yo, no le creí.

jueves, febrero 24, 2005

desde la piletita

agradecí al cielo por todas aquellas tediosas tardes de vacaciones en el garaje del padre de alejandro rodeada de ejemplares de mecánica popular. hice una bendición genérica por todos los novios motorizados que tuve alguna vez; el rubiecito que me enseñó a andar en su yamaha 50; el que me prestó la java 300, el que me incitó a manejarle la mehari en verano y el que me asoció en la compra de su primer vw cuando entrábamos al liceo. recordé cada vez que mi madre me dejó espiar las fauces de su motor y cada vez que alguien me prestó alguna de las herramientas de su taller. no existe nada peor que quedarse varada en un camino polvoriento, no muy cercano a la ruta 12, absolutamente perdida y con el sol del mediodía clavado en el lomo, como una avispa. conseguí un tacho agua en un ranchito desmayado junto al camino y cuando el motor se enfrió logré volver a arrancar. lo que me hizo más feliz, al entrar en el parador, no fue la chance de comer o tomarme una cerveza helada en la barra, sino la posibilidad de lavarme, al fin, las manos. una vez adentro me vinieron ganas de bañarme y como no había ducha, me fui sacando de a poco la ropa y con unos jaboncitos roger & gallet que tenia en el bolso empecé a despegarme las horas de polvo y sudor. una vez que los pies quedaron perfectos, rosados y frescos seguí mi cruzada higiénica. con el afán perfeccionista que a veces ataca a las mujeres, apoyé una pierna sobre el pequeño lavabo y de paso me depilé con una afeita bic. después me puse un hidratante y una cremita estée lauder. me saqué la camiseta, el corpiño y me lavé alegremente bajo el chorro de agua fría. estaba enjuagándome, prácticamente en bolas, cuando se abrió la puerta y se asomó el camionero más grande que he visto en mi vida. levanté la cabeza y pude divisarlo entre el montón de pelo mojado que me caía sobre la cara. no sé para cual fue mejor la sorpresa, solamente nos intercambiamos una sonrisa y desapareció.

miércoles, febrero 23, 2005

rompí con alejo

¿ les conté que alejo es inventor ? él dice que está de vacaciones desde que empezamos a salir, hace más de un mes. a esta altura, sospecho que es un desocupado. el fin de semana acompañé a un grupo a una excursión por el salto del penitente y villa serrana. me agotaron porque, si bien eran jubilados, querían cantar todo el tiempo y armar relajo en el ómnibus. durante el almuerzo campestre se tomaron todo el vino y dos se agarraron a las piñas. cuando abrí la puerta el domingo, todo parecía igual en mi casa. pero no, alejo había estado trabajando. había chequeado las ruedas de mis muebles, había puesto la chata de la heladera en el lavarropas y había traído una plataforma de su invención, con un sistema de gato, para que mis refrescos pudieran estar más arriba del ombligo. mientra dormía, el lunes, estuvo marcando las paredes para colocar tacos fisher por todas partes y apenas abrí un ojo, el prendió él taladro con silenciador y empezó a hacer agujeros. mientras yo intentaba hacerme un café con leche, alejo colocaba unos rieles de aluminio blanco a lo largo de las paredes y el techo. cuando salí de darme un baño mis muebles se movían por su cuenta. la biblioteca se adelanta treinta centímetros de la pared, la heladera se sube casi diez centímetros, el lavarropas, que ahora usa frenos, puede hacer un baile de más de dos metros y estacionarse otra vez en su rincón. aún faltan unos motorcitos del sistema – aclaró alejo – los traigo esta tarde, cuando todo esté listo podrás apretar un botón del control remoto y los aparatos que quieras correr, no importa donde estén, se moverán solos. me pregunté para qué quiero eso, pero no se lo dije. temía que alejo me dijera algo cruel como : para limpiar . cuando se iba, le pedí que se llevara todas sus herramientas. me quedé barriendo la viruta y los trozos que se habían desprendido de mis paredes. sola y desconcertada, fumaba en el medio del living y tratando de digerir lo que había sucedido. le había dado las llaves para que se pudiera ir sin molestarme en las mañanas y había modificado mis electrodomésticos, en una no requerida prueba de amor robotizado.

martes, febrero 22, 2005

un blister para tia amparo

la tía amparo es una prima segunda de mi padre. tiene una edad incierta en la banda de más de cuarenta o quizás más de cincuenta. es soltera, vive sola y su vida privada es un misterio para el resto de los miembros de mi familia. si bien tiene una coqueta casita en la blanqueda, prefiere alquilarla y ocupar un departamento del centro porque, según ella “ hay más servicios “. más allá de estos detalles, tía amparo es evidentemente, una mujer feliz. da cuenta de ello la sonrisa permanente, la disposición a acompañar cualquier empresa con entusiasmo , su arreglo personal y su alto grado de independencia. generalmente los fines de semana va con sus tres amigas a los bailes de casa de galicia. a veces trae cuentos sobre hombres que la persiguen después de bailar pero siempre los borra con estilo. para tía amparo la noche no es el lugar para empezar “ una relación “. ella prefiere salir del baile a tomar un café con sus amigas, no quiere escenas patéticas con setentones de saco marinero tratando de besarla en la puerta del edificio a la vista del portero de noche. además de administrar su pequeño negocio, tía amparo disfruta al estrenar un nuevo peinado de los que le inventa américo giorgio, su estilista de la calle tacuarembó. también le gusta a veces cambiar de esmalte de uñas, comprarse unas lindas sandalias o tomar una copita de vermouth antes de entrar al baile. nadie ha escuchado a tía amparo hablar de casarse, tener hijos, tener novio o algo similar. está claro que tampoco le dá bola a los galanes que se le arriman en los bailes del lido, aun cuando se toma tres copas de sidra rosada “ frank sinatra “ . sus amigas, las mismas desde el tiempo de la escuela, no son un buen antecedente de la felicidad marital. las tres están divorciadas. una, solo había aguantado una semana en casa con bebe y su madre, una vieja desdentada y demandante que escuchaba todo el día el bolero de ravel mientras intentaba pintarse un ojo como maia plisetskaia. mercedes encontró a beto, su marido, con ramón en el lecho marital. así había perdido al esposo y también al veterano instalador que había puesto líneas de fibra óptica en las paredes de su casa. augusto simplemente se había deprimido y susana, después de aguantar que no se bañara por dos años había armado las valijas. ahora él estaba fantástico viviendo con una novia de diecisiete que trabaja de moza. en la heladera de tía amparo siempre hay refrescos, vino blanco y dos botellas de champagne. si bien no es habitual verla tomando, tiene una cantidad de bellas copas en pares colgaditas sobre el pasa platos de tu departamento. el baño y el dormitorio de tía amparo son dignos de un hotel alojamiento de los años setenta. una mezcla de estilo disco con escenografía glamorosa y unos toques naive. el elemento más llamativo es el espejo en el techo, después está la cama redonda y las luces con dimmer en tonalidades rosa. estoy segura que en el ropero, fiel a su estilo y feminidad, ella tiene unas lindas piezas de lencería, quizás con reborde de plumas y tul en algunos casos. es una deducción que parte del par de vertiginosos suecos al mejor estilo carmen miranda, con pompón rosa de pluma, que una vez encontré en su baño. sobre el supuesto compañero sentimental de tía amparo, en mi familia, se manejan dos bibliotecas. la versión más liberal es la de mi padre. él sostiene que ella es la amante de un empresario de camiones que tiene una doble vida. la línea de los otros primos afirma que tía amparo definitivamente es virgen y nunca le había visto la cara a dios. ambos se equivocan. un día tuve la oportunidad de descubrir el secreto de la tía amparo. pasé a visitarla y repentinamente me bajó la presión. me dio un té, me sentí mejor pero me dolía la cabeza. fiel a su costumbre, tía amparo no tenia aspirinas así que tuvo que llamar a la farmacia para que le trajeran. cuando sonaron los tres timbrazos me pareció algo normal, pero cuando escuche a tía amparo cuchicheando con el cadete en la puerta pude empezar a sacar conclusiones. me arrastré por el living y dije “ gracias ...que divina “ y ahí tuve una buena perspectiva y pude ver los músculos marcados de los brazos del chico repartidor debajo de la túnica celeste. un morocho de ojos grandes, de unos diecinueve años. se despidieron con sonrisas cómplices, con un beso en la mejilla, mientras él le prometía alcanzarle un relajante muscular a las ocho. por fin entendí porque la tía amparo nunca tenía aspirinas en casa.

lunes, febrero 21, 2005

a incendiar la escuela !

había odiado la escuela desde el primer día hasta el último. nunca se había sentido cómoda dentro de aquella comunidad con maestras enormes e hipócritas que masticaban galletas marinas todo el tiempo. odiaba cada detalle de sus docentes, la risa, el perfume barato, la túnica con los bolsillos cargados de comida, las bocas pintadas de rojo, los zapatos desvencijados por el peso del cuerpo. estaba convencida que todo lo que se enseñaba allí era mentira. parte de una conspiración universal a favor de la ignorancia. también estaba segura que el sistema escolar, tras su discurso democrático, fomentaba las más grandes injusticias. como la que le había dado el papel de la bruja en la obra de blanca nieves en jardinera. había tantas niñas... ¿ porque ella tenía que actuar en ese asqueroso papel de envenenar a la buena de la historia, que además, era su mejor amiga ? también había sido injusto que la expulsaran del salón de música, el primer día de escuela en primer año, por un crimen que no cometió. tampoco en segundo y tercero las cosas habían mejorado. durante esos dos años se había visto obligada a compartir banco con un compañero que tenía un sempiterno moco verde pendiendo de la nariz. había aprovechado cada sarampión, varicela o rubeola para estar en su casa, feliz, lejos de aquel martirio. ya en cuarto año y viendo que las cosas no mejorarían se había asociado con los marginales de la escuela, que siempre los hay, solamente para desafiar al orden establecido. en aquel entonces compartía el elástico en los recreos con el niño más grande y peligroso de la escuela, el cua-cuá. una suerte de tarzán negro que se asomaba a los salones desde el marco de las ventanas más altas y saltaba al interior aullando su característico grito “ cua-cuá “. él se las ingeniaba para destrozar cualquier instante de disciplina, sólo con su grito. después ella siguió con su carrera de sparring en las peleas de su amiga la gorda, siempre acompañándola a la puerta del cine y cargando su cartera con los diccionarios, arma que utilizaba cuando había llegado el momento de humillar al contrincante. dedicarse a luchar con los varones no te ponía en lo más alto de la escala del ranking escolar. tampoco pasar los recreos parada, abajo de la palmera del patio chico, por no haber hecho los deberes, durante todo un año. a veces las contrariedades que vivimos en la niñez nos dan la oportunidad de templar el carácter y también algunas sorpresas. como la que recibió una semana antes de terminar las clases, el último año. le iban a hacer un homenaje, en el salón de actos, con sus compañeros y las maestras. desconcertada, tuvo que subir al estrado y recibir el regalo que le habían destinado entre discursos de las maestras y aplausos de los demás niños. durante tres años había ganado el concurso de dibujo escolar y gracias a eso se habían pintado los salones de la vieja escuela. debió imaginarlo, las maestras no la apreciaban por sus dotes artísticas, todo fue por el vil dinero.

domingo, febrero 20, 2005

para cuando me muera

acostada en aquella camita, a oscuras, percibía la sombra de cientos de peluches, ositos, muñequitos a cuerda. nunca había tenido un dormitorio así. de niña, su cuarto estaba decorado por la copia de un sobrio dibujo de rembrandt . sus juguetes estaban guardados en el arcón de la cocina. en el correr del tiempo el arcón había sido sistemáticamente profanado por una prima irritante y un poco más chica que se llevaba siempre algún juguete en un gesto abusivo e impune al día de hoy. esa niña era considerada una desgraciada en el seno de la familia. había llegado a caminar en cuatro patas por la orilla del mar durante varias cuadras siguiendo a su padre para que este le regalara el perro que le había prometido hacía tres años. un sádico el tipo. el detalle era que la prima desquiciada ya tenía doce años, la apariencia de quince y rellenaba un bikini. pero más allá de la prima, nuestra heroína nunca había sido muy adepta a los muñecos, su universo lúdico se centraba en los negocios, sobre en una empresa de pompas fúnebres cuyos servicios serían capaces de palidecer a los de los propios abbate. si bien nunca la habían dejado ir a un velorio, ella tenía una larga carrera de duelos vistos en el cine y era capaz de crear rituales especiales inéditos ya que a sus funerales asistían solo las hormigas. y como ellas hablan en otro idioma nosotros no sabemos muy bien que dicen. había determinado que el patio trasero, donde el padre había plantado un jazmín del país, una glicina y unos penachos de lavanda, era el lugar perfecto para el camposanto. algunas tardes, después de dar un servicio, se quedaba pensando, a la sombra, en otros posibles duelos que vendrían. la muerte de su gato, la posible muerte de su abuela, de sus padres, de su hermana. entonces se adelantaba y lloraba sola por algunos minutos, preparándose para esas despedidas inevitables, donde siempre había alguna lágrima dedicada a su propia desaparición física. había visto que los entierros de las celebridades incluían el traslado del féretro en cureña y así se veía, con seis percherones blancos tirando de este carro, hecho para trasladar cañones en tiempos de guerra, ahora cargando sus restos. en la misma posición que estaba ahora, intentando dormir en un espacio reducido, rodeada por la mirada admirativa de cientos de peluches desconocidos.