después de estar horas frente a la pantalla, procesando y experimentando con el código fuente, el delfín de una familia de griegos se marcha a su otro trabajo. llega temprano y ayuda al viejo asador a meter la leña de los canastos, en el depósito. faltan algunas horas para que aparezcan de los primeros clientes, este es el momento para atender a los proveedores que traen el pan, el aceite de oliva, los vegetales y la pasta rellena . más tarde entrará el tío con el pescado, directamente desde el puertito del buceo y luego el padre, con la carne y las vísceras. entonces ayuda a prender el fuego y reposa un instante junto a las brasas. piensa en el sistema que logró diseñar en la noche y descubre una solución teórica para una pequeña falla. después entran los comensales y su trabajo está junto a la gigantesca heladera de tapas de madera. una cerveza, dos vasos...una jarra de tinto de medio, tres refrescos, pasame un tanat de pisano, no...el del 2000. esas son las voces que escucha hasta las tres de la tarde. entonces se sienta a comer en la mesa del fondo con los muchachos de la cocina y anota una idea en su ipod. después de tomar un café, besa a su tía, a su abuelo, a su padre y le saca el candado a la bicicleta. es hora de volver a casa, a dedicarse a otra cosa.
martes, junio 28, 2005
sábado, junio 25, 2005
hijos de la culpa
se instala de noche, bajo la ochava de la casa de fotografía. en el piso extiende, sobre una tela negra, los mejores ejemplares de su botín. varios juguetes grandes, coloridos y relucientes, fruto de más de un robo a niños adinerados. hijos de padres culposos, hijos de divorciados, hijos de padres infantiles, hijos de obsesos y coleccionistas. hijos de abusadores. son los que alimentan el negocio del dealer menos carismático de la cuadra. en el corazón de la ciudad vieja, en el epicentro de la ronda nocturna y la joda, acurrucado y sucio, espera el vendedor de juguetes robados. como la parte mas perversa de un universo que lo ha perdido todo. no hay piedad ni para los niños. desde ese extraño rincón espera a los borrachos que quieren seducir a una chica comprándole un robot que se parece a ellos o un jet de luces multicolores a falta de dinero para pasearla en un avión real. cuando algún desconsolado deambula, al final de la noche, sin amor, sin sexo ni abrigo, siempre podrá llevarse a casa un autito majorette a buen precio y así revivir aquella infancia perdida. el vendedor de la ochava come en piso, con las piernas dobladas, en cuclillas, un pedazo de grasienta milanesa al pan envuelta con papel gris. sus tesoros brillan más que su figura y disimulan, de algún modo, su indignidad.
viernes, junio 24, 2005
por la calle
lo veo caminar hacia la avenida. con una mirada extraña, avanza lento entre la gente que no puede dejar de husmear entre ofertas y chucherías. parece un tipo de pocas pulgas, podría ser un carnicero o un guardia de cárcel. es bastante alto y viste un saco de cuero marrón rústico, abierto a la altura del pecho, a pesar del día gélido. cuando nos cruzamos, veo la carita del gatito siamés marrón, asomado desde el forro, sostenido por su enorme mano.
jueves, junio 23, 2005
esa moda me incomoda
voy a disentir con la actual moda canina. no me gusta que le pongan a los perros las camisetas que, habitualmente, usan nuestros hombres. ya vimos chimpancés vestidos de gente en los setentas, en aquellos inolvidables posters de fondo colorido enmarcados sobre bastidores de madera pintados de negro mate. basta con las alusiones a nuestros machos. No quiero que esta degradante tendencia se instale en nuestra cultura occidental y cristiana. esta mañana vi a un perro con un buzo igual al de mi último novio. más allá del daño que me infligió recordarlo por veinte largos segundos, estuvo la impresión que me causó verlo en una posición humillante, haciendo en plena calle lo que preferimos hacer en privado. el parecido, era asombroso. la misma espalda, los mismos bracitos y la misma expresión de esfuerzo que él portaba en la vida. por momentos, tuve el impulso de empujar bruscamente a la acera a aquella vieja que lo tenía atado del cuello y esperaba, bolsita en mano, el fin de la deposición.
miércoles, junio 22, 2005
me acerqué a la mesa del buffet y pesqué unas hojas de lechuga del recipiente de la ensalada verde. después estacioné en el aceite de oliva y empecé a contar las gotas. en ese momento sentí la presencia de alguien a mis espaldas.entonces giré un poco la cabeza y lo miré. estaba ahí, parado y tembloroso con un platito en la mano. lo había atrapado mirándome mientras dudaba entre los recipientes de la lechuga y el berro. el señor, sorprendido in fraganti en pensamientos que no puedo descifrar. estaba congelado, en mi espalda, con el platito vacío. estaba frágil, viejo y vulnerable, con el rostro un poco sonrojado por la situación. volví a mi plato, a mi almuerzo, a mis hojas de verde. no podía darme vuelta y decirle : maestro . contarle todo lo que su obra influyó en mi vida. lo que siempre me gustó su trabajo. no podía decirle que aunque ahora solo fuera un viejo verde, había sido mi referencia durante mucho tiempo. entonces usé un recurso para resolver el problema volviendo al universo proteico. ¿ donde está la carne ?
martes, junio 21, 2005
made in uruguay
jueves de noche, en la barra de un bar de moda. dos sujetos hablan con detalle de la faena de una chancha. uno toma vodka y el otro whisky importado. enumeran los detalles con fruición. como se segmentaron los ochocientos kilos de carne del animal, cuantas morcillas, chorizos y pedazos de pulpa se rescataron en la tarea. cuantos kilos, al fin, se obtuvieron en chicharrones. lo que más placer les da, es el volumen del trabajo, describir el cansancio de estar ahí cortando carne durante horas. éramos cinco, aclara uno. llegado un momento, hicieron una pausa para tratar el destino de la cabeza del animal, ya que nada sería desperdiciado. queso de cerdo, anunció uno sintiéndose como un personaje de guy ritchie. nada seria desperdiciado. todo iría a parar al torrente sanguíneo tarde o temprano. todo taparía alguna vez las arterias de aquellos personajes. cuando la carne dejó de ser un tema atrapante, entonces empezaron a hablar de una discoteca y lo poco que habían pagado un trago en determinada oportunidad, porque eran amigos de todo el mundo. en otro tramo, de la misma barra, un cliente le hincaba un ojo a un libro de sandor marai.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)