otra vez brasil, salimos por el área industrial de la ciudad, usando una vía que se llama canoas, como tantas otras en este país. además del chofer, viene una especie de patovica, un guardacostas lo que evidencia que, no soy una persona importante pero seguramente comparto transporte con alguna celebridad. está absolutamente nublado pero la luz es abundante, estoy medio dormida y medio extraña. filhas da mãe es el nombre de una casa de ropa para novias. me hago un anillo de utilería usando la gotita instantánea y una serie de porquerías que junte en casa antes de salir. un anillo de plástico, de niña, un botón negro gigante y brilloso, todo servirá para mi artesanía salvaje. ahora cambié de vehículo y me conduce un negro muy bonito de unos 23 años, con anteojos de cien dólares. maneja por las alturas una 4x4 y me aclara que esta a mi disposición. es el candidato perfecto para abrocharme en la espalda el corsé, con cintas en la espalda, que me acabo de comprar. ir de compras de lencería erótica en brasil solo trae satisfacciones, todo existe y encima hay sorpresas constantes, prendas creativas, bordados locos, materiales variados, diseños y hasta precios! todas las mesas están forradas de cuero, desde este rincón del café, donde no se sentarían los amantes, controlo en pasaje de la gente por la peatonal. estoy bajo la tiranía de una peluquera que decidió recibirme a las seis de la tarde, fue como pedirle audiencia a un rey. ahora gasto el tiempo en asuntos inútiles y tomo aspirina para despertarme un poco. hice una incursión, quizás demasiado radical, al sauna mixto del hotel. mis ojeras bajan y rebotan en las rodillas. tengo el síndrome del ojo cansado, algo que aun no salio en ninguna revista científica pero que seguro ya lo van a descubrir. esta noche, antes del maquillaje, recurriré al viejo truco de los hielos envueltos en servilletas de tela sobre los parpados. si lo usa silverster stallone, seguro que funciona.
viernes, agosto 19, 2005
miércoles, agosto 10, 2005
lecturas de agosto
amanecieron cubiertos de libros. la cama estaba tibia y a ellos los separaban las obras completas de shakespeare encuadernadas en papel biblia, formato grande y tapas duras con arabescos en oro y piel. él saco una de sus interminables piernas y se fue al baño, como si despertar bajo una colcha de papel fuera algo de todos los días. ella se quedó quieta , desnuda y cubierta por unos mini clásicos franceses de todos los tiempos. era novata en aquella habitación. apenas conocía a su ocasional compañero, un jugador de basketball aficionado a la lectura. habían tomado copitas de licor en un bar de ambiente intimista y habían terminado en la cama. ella sentía el pudor de una mujer que dejó la ropa en la mesa de la cocina, hacía varias horas y no tenía ningún plan para recuperarla. cerró los ojos y se hizo la dormida. al rato escuchó alguna actividad fuera del baño, un ruidito a caldera en la cocina y sus pasos, entrando en el cuarto-biblioteca. espió su espalda mientras entrecerraba la gigantesca cortina de papel japonés. una mesita con ruedas esperaba junto a la puerta, con su ropa primorosamente doblada y el desayuno en la bandeja superior. fingió despertarse en ese momento y le sonrió. el le pasó la bata con un gesto tierno. era una suerte de kimono destinado a las amantes. después desvistió su cuerpo de literatura francesa, le hizo un masaje en los pies y le dio el desayuno.
los rosales de la memoria
mientras el taxi se acercaba, veíamos la explanada de la entrada cubierta de sillones bkf de lona amarilla que parecían un ejercito de mariposas gigantes en una hora de descanso. era una mañana brumosa, como tantas, en aquella zona extraña con un microclima que contradecía las bondades caribeñas de la temperatura de la isla. hacía diez años que no pisábamos aquel sitio pero todo tenia un color familiar. quedamos paradas allí, en aquel sitio que nos había alojado y hecho amigas también. la misma sensación de ser locatarias y extranjeras que siempre habíamos tenido, ahora nos volvía a invadir. los árboles de la entrada, que alguna vez habían plantado en nuestra presencia y significaban la unión de tres continentes, estaban gigantescos. de repente paso la telefonista, chancleteando como de costumbre y nos saludo como si nos hubiera dejado de ver anoche. aquella mujer que mas que una cabina atendía un club adonde la gente iba a compartir sus penas y también a recibir la alegría de comunicarse con sus parientes en el exterior. aquel sitio donde había migas, termo y a veces cartas españolas para pasar el tiempo. donde la conversación era la moneda de cambio. ahí estábamos, aun sorprendidas cuando paso un anciano que me llevo del brazo hasta un sector del jardín del edificio. se detuvo frente a un matorral de rosas y me dijo : esta es la matica que planto usted. busqué un rato en la memoria, le agradecí el gesto y me quedé pensando toda la tarde, revolviendo en cada cajón del olvido sin encontrar absolutamente nada.
martes, agosto 09, 2005
sportman
atravesaba una noche helada, por el medio . traía en la cabeza un encuentro casual con un joven amante que estaba prendado por su capa verde. sonreía y pensaba le gusta más la capa que yo. se lo imaginó desnudo y chiquito, frente al espejo, cubierto con su linda capa verde. reparó después, en la breve conversación que habían mantenido en ese encuentro casual. él le había recriminado amablemente que no lo llamaba, ni lo visitaba en su trabajo como antes. ella había admitido su falta. en fin, no se sentía obligada pero era simpático fingirse comprometida. dialéctica pura. solamente eso. la tensión estaría puesta en la capa verde. hay cosas irreversibles, pero no era el caso de la capa que tenia un lado de paño liso y otro, igualmente hermoso, de cuadros escoceses. nada esta perdido, nada es para siempre. así se fue acercando hasta la vidriera de un antiguo bar cerrado donde tres mozos, de calzoncillos de sarga color piel, trapeaban el piso con sendos lampazos.
sábado, agosto 06, 2005
de compras
arrastró a alicita hacia el negocio de pompas fúnebres. ahí reprodujo el habitual comportamiento caprichoso, que la caracterizaba a la hora de las compras. mientras coqueteaba sin parar, un lúgubre empleado la seguía, embelesado ante la posibilidad de una venta . el infeliz, abría y cerraba los féretros sin respiro, tratando de complacerla con una pátina hecha con cera especial o un forro de seda natural rosa con pequeños puntos de grantité en blanco. los cajones más caros estaban expuestos en horizontal, rodeados de cirios altos en el salón de exposición. todo estaba previsto para que el cliente entrarara caminando, con el dinero en el bolsillo y el recuerdo de su pariente muerto hace un rato. no era habitual que una cliente se probara su propio cajón con la misma ligereza de quien se prueba un par de zapatitos cubiertos de escamas de cocodrilo. para complacerla, el escuálido buitre ponía en vertical las pesadas piezas de madera y tela y ella entraba a los saltitos y hacía comentarios en el medio de pequeñas risitas coquetas estoy gordita para este pronunciaba y sacaba una puntita del pie enfundada en un primoroso zapatito blanco. el funcionario sonreía y no paraba de transpirar mientras caminaban hacia los cajones más caros. en el medio de la prueba, la tía detectó el caminar de un joven escultural y tatuado que lijaba cajones en el taller y decidió seguirlo para admirar de cerca aquellos muslos privilegiados cubiertos por un mono de jean. por aquí tienen mas anunció y se mandó directamente a la sección de los cajones baratos, entre el aserrín y el polvo, como un gato reo que saborea una sardina robada y podrida. a pesar de estar sana y optimista, tía elvira era una mujer previsora. no iba a dejar nada librado al azar. su entierro estaría pagado, el servicio elegido desde el cajón hasta las masitas del café, el color de las flores, las limosinas, el alto de las velas, las propinas para el maquillador y sus asistentes. todos sus detalles favoritos estarían previstos. una vez le había encomendado el jardín a su hermana. al regreso del viaje por europa, se había encontrado todas sus plantas marchitas y muertas. ahora solo podía confiar en alicita, su sobrina, la que ahora presenciaba toda la escena con su cara tapizada por el acné, con actitud sumisa, embutida en el uniforme del colegio esclavas del divino corazón de jesús.
jueves, julio 28, 2005
todo en común
a pocos centímetros del ídolo, la funcionaria de inmigración, comprendió que llevaba el pelo teñido. ahí quedaron enfrentados, separados por una fina capa de vidrio , el tenista eternamente joven y la regordeta mujer policía del pantalón azul talla 48 a punto de explotar. con el descaro de una mujer que no tiene nada que perder, belinda masculló : preferance 67. entonces el campeón elevó un poco los ojos y se sintió aludido. no te entendí...¿te di la cédula ? tratando de disimular el duro instante en que fue puesto en evidencia por aquella cerdita vestida de azul. listo ! sonrió la gendarme y le acercó el documento a la ventanilla con el sellado correspondiente. el ex príncipe de los courts se alejó con su campera castaño-rojiza y su pelo del mismo color. usa el mismo tono que vos dijo sandra, la funcionaria argentina a la funcionaria uruguaya. si, el mismo preferance 67, dijo belinda y acarició el arma de reglamento que relucía en su cadera.
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