jueves, septiembre 01, 2005

tres en taxi

cuando se subieron al taxi abrazados, tenían esa risa tonta del porro recién fumado. ella los esperaba hacia rato, envuelta en un pequeño chaleco de tristeza que la acompañaba el último par de días. apenas el taxista arrancó, por la larga rambla, empezó a caer la lluvia. el asiento trasero estaba animado, los tres amigos habían pasado una larga noche entre vino, tango y amigos. ella estaba con ánimo de bossa, los otros en plena fanfarria con trombones y metales. entonces esbozó una historia de amor con final patético, en la que, por supuesto era la heroína. ellos arrancaron a reír. entonces ella empezó a endulzar la narración hasta hacerla desopilante. uno de ellos amenazó con reventar de risa, el otro dijo que se mojaría encima. el taxi seguía corriendo por la noche bajo la lluvia. parecían un par de hienas en un tiovivo después de comer pochoclo. empezó a reír levemente y enumeró mas situaciones patéticas. todo era tan actual, tan vigente, que casi no le dolía reírse de su propia pena. el animus de sus amigos había llegado a un punto sin retorno, aullaban cada vez como más fuerza y sus carcajadas movían el auto negro y amarillo. a ella le cayeron algunas lágrimas pero no se detuvo en su cuento de amor indigno. las tres mandíbulas se siguieron agitando rítmicamente hasta llegar al centro. allí se despidieron con un abrazo, ellos marcharon en el taxi y ella caminó, por primera vez aliviada, rumbo a su casa.

lunes, agosto 29, 2005

duty free

además de una infinidad de perfumes y licores que no tendremos tiempo para probar en lo que nos queda de vida, está el lanzamiento rimbombante de toda una serie de aparatos de uso dudoso que seguramente mejoraran nuestro siempre devaluado estándar de vida. tal es el caso de la estación meteorológica portátil que puede ayudarnos, gracias a su sensor de monitores de temperatura a distancia, a saber si llevamos o no un saquito cuando salimos de casa. con este aparato, la tía clarita queda absolutamente relevada de recomendarnos cualquier tipo de cosa respecto al clima, algo que permitirá que, si el buen tiempo lo permite, se tome unas merecidas vacaciones haciendo topless en una isla griega. todo solamente por 229 dólares, sin impuestos. una ganga.

sábado, agosto 27, 2005

noche de sábado en san juan letrán

empujó la diminuta puerta que comunicaba con el gigantesco altar. pasó agachado, casi gateando, su imponente humanidad. el lugar estaba oscuro pero él, llevaba un par de fósforos por las dudas. conocía el sitio a la perfección, desde sus tiempos de monaguillo almidonado. sin prisa, revisó la caja que había debajo de la imagen de la virgen y sustrajo un abundante fajo de ostias recién horneadas. después agarró sin protocolo la damajuana de vino tinto y la arrastró hasta el borde del escalón. después vació de monedas la urna de las limosnas que estaba junto a la puerta. se metió otra vez, con su botín por la puerta mínima. atravesó cansino la sacristía rumbo al salón que estaba en el fondo, donde había una mesa de futbolito para los feligreses más jóvenes. ahí encontró un par de botas con patines que había donado hace años, al grupo de la legión de maría. volvió a la nave central y se los puso, durante más de una hora patinó impunemente en los pasillos de la gran iglesia, ante la mirada atónita, de yeso, de san antonio y san juan. sus piruetas mas inspiradas contrastaban con la oscuridad del recinto que apenas registraba el sonido de las ruedas metálicas contra el piso embaldosado en imágenes del vía crucis. con la frente transpirada, volvió a la sala de los jóvenes y sin sacarse los patines cenó de un mordisco el grupo de ostias y las regó con un cáliz rebosante de vino sagrado. después, el padre benito se durmió la mona.

jueves, agosto 25, 2005

a las nueve, pasa el hombre de tu vida

salió bajo la llovizna, apenas resguardada por su sombrerito rojo. a unos pasos, iba él, con la camperita levantada que dejaba a la vista los bolsillos traseros, con pespuntes amarillos, del jean. sus ojos lo persiguieron, embelesados. era del mismo tamaño que aquel oso que nunca le habían podido comprar sus padres, el que estaba en la vidriera de la farmacia cuando era chica. un peluche estilo teddy que mediría unos cuarenta centímetros. este juguete no era de peluche, no tenia cuerda, no tenía un mecanismo que le permitiera decir ma-má . era un humano, pequeño al extremo, pero humano. con sentimientos, con emociones, con unas lindas manos. con unos zapatos lustrosos, seguramente un talle 43. lo siguió bajo agua por algunas cuadras, esperando que él la registrara en algún momento. pero no sucedió. dando un saltito se metió en el hall de un edificio y desapareció por el corredor de los ascensores. ella quedó afuera, con la mirada de tristeza del cachorro en la vidriera de una tienda de mascotas.

miércoles, agosto 24, 2005

marchando hacia ningun lugar

el sitio esta impoluto, forrado de espejos y alfombrado. adentro, hay una serie de máquinas donde las mujeres caminan como autistas, mirando al vacío de una televisión encendida con el volumen bajo. el mundo de la cinta de correr, un viaje infinito hacia ninguna parte. un viaje con destinos virtualmente previstos, distancias acordadas, velocidades en números rojos y cantidad de calorías consumidas. mucha información en ese universo que no avanza. la ilusión de tener el control, bajo techo, sin días de lluvia, sin piropos obscenos, sin la molestia del sol en los ojos, sin tener el viento en contra. en el recinto sagrado de las luchadoras contra la flacidez, donde se vencen las colas caídas, las panzas incipientes, los brazos flojos, no hay que distraerse para llegar al objetivo. en ese sitio las chicas se saludan y después, sudan. las hay de todas las edades y estilos, jóvenes y viejas. entrenadas e iniciadas. coquetas y sport. las expertas son las que usan guantecitos sin dedos para tomar las pesas. las novatas, las que no usan mallas de marca o zapatillas aeróbicas. todas son cómplices en el asesinato de las gorduras. algunas toman clases de steps, otras hacen localizada, otras no salen de la sala con la cinta. se anotan en una pizarra cuando llegan las horas pico y usan las demás máquinas con aire distraido, tratando de disimular la ansiedad, hasta que les llegue el turno.

domingo, agosto 21, 2005

pertencer, tiene sus ventajas

la casa, está en lo alto de una colina. tiene más seguridad que la casa de laura y george bush. incluye varios sitios donde hay que detenerse y mostrar todo tipo de identificaciones. se asoman toda clase de guardaespaldas, polícias, gendarmes y expertos en relaciones públicas. los elegidos, llevamos una pulserita en la mano, lo que nos hace diferentes a todos los demás mortales. los que no están invitados a la casa de caras. los helicópteros aterrizan en el jardín con invitados muy vip. las modelos jóvenes, de segundo orden, cabalgan por las rutas aledañas para ver si alguien las descubre. un pobre caballo andaluz es obligado a hacer pasos rídículos por parte de un jinete vestido de gaucho. miles de kilos de asado están ardiendo en la parrilla y una mesa gigantesca con ensaladas se deteriora al aire libre. las mesas están ocupadas por famosos y por los que quieren codearse con ellos. miro las gallinas corretando colina abajo, sin necesidad de saludar a nadie ni usar lentes negros o tacos altos. me presentan a muchas personas. mis anfitriones están dispuestos a que la pase bien. elegimos una mesa apartada y empieza el desbande. canilla libre de colesterol y vino tinto. yo no dejo el vaso de agua mineral. disfruto del paisaje. paso por el spa y me anoto para una hidratación de piel. el proceso parece simple. me aplican capas de tónicos de rico olor. desde mi sillón, recibo ese mimo y espío la llegada de otros invitados más, gente con pinta de colados. trato de no perderlos con los ojos. ellos sacan cámaras pocket digitales de ultima generación y acosan a los famosos con sus pequeños flashes. si, algo tienen que pagar por tantos privilegios. tal vez los contrate la revista para que los famosos no pierdan su autoestima. después de tres horas de tomar agua, necesito liberarme de ella. recorro la mansión y me encuentro cara a cara con la puerta del infierno. una cola larga, más larga que la de una ventanilla de hospital en una epidemia. una cola inmensa de decenas de rubias con botas texanas y aire anoréxico, con botellitas de agua mineral sin gas en la mano, todas con cara de pocos amigos. entonces, salgo al patio trasero, siempre hay un patio trasero. donde está la huerta orgánica de la casa de caras. orgullo del anfitrión. un baño silencioso y discreto.