la mañana del domingo esta fresca y los feriantes aprontan sus mercaderías para pasar varias horas ahí, agazapados, esperando a los clientes. atravieso la calle atestada de camioncitos viejos, carros de mano y bultos envueltos en nylon con mi pollera larga de seda y el maquillaje de los ojos algo corrido. soy solo la sombra del espíritu de la fiesta. lo que queda cuando se apaga la orquesta. el recorte de una página brillante que flota en el viento. me siento liviana y rara mezclada con ese catálogo de objetos y gente. como una lechuga flotando en un plato de sopa. diferente y al mismo tiempo del mismo palo. el sol me rebota en la espalda mientras bajo por la zona de los repuestos de bicicletas, pisando leve, como una princesa en una alfombra del palacio. veo el humo de las primeras tortas fritas y escucho un fragmento de una canción de creedence sonando desde un equipo destartalado. paso por la zona de las pantallas, donde esta antonio con sus pergaminos torneados y el buen mozo que vende diseños raros con colores pastel. siento el tintineo de mis caravanas largas mezcladas con el pelo, como si fuera una lámpara con caireles durante un tornado. me acuerdo de judy garland en las primeras escenas del mago de oz. me dan ganas de canturrear algo. no será un fragmento de la traviata, tal vez una canción de nino bravo.
lunes, septiembre 12, 2005
domingo, septiembre 04, 2005
el madi y la canasta básica
domingo en la mañana. atravieso la avenida. me cruzo con un pintor madi. esta viejo pero sé que insiste con su obra ( movimiento abstracción dimensión invención ) hasta el día de hoy. esculturas que son como juguetes en el aire, en el espacio. diversiones plásticas. cuestiones misteriosas llevaron al madi a nacer en el río de la plata. este movimiento, dio interesantes frutos en ambas márgenes del estuario. el pintor que me encuentro no se reinventó un nombre, se dejó el suyo original : rodolfo ian uricchio. estoy llena de ángulos. este es un día extraño, medio soleado, medio gris, medio tranquilo, medio movido. suspendido en el aire, como tantas cosas. geométrico como tanto madi que queda por el mundo. vivo en los años cuarenta. mas allá del siglo veintiuno y sus obligaciones de supuesta modernidad. aquí nada paso mas allá del 47. nada avanzó demasiado en el tiempo y en el espacio. los libros de salgari se siguen leyendo como pan caliente. hay flacos con aire existencialista en cada esquina. flacos de piel pálida y actitud contemplativa. de esos que una se llevaría para la cueva, para darles un buen plato de guiso.
jueves, septiembre 01, 2005
tres en taxi
cuando se subieron al taxi abrazados, tenían esa risa tonta del porro recién fumado. ella los esperaba hacia rato, envuelta en un pequeño chaleco de tristeza que la acompañaba el último par de días. apenas el taxista arrancó, por la larga rambla, empezó a caer la lluvia. el asiento trasero estaba animado, los tres amigos habían pasado una larga noche entre vino, tango y amigos. ella estaba con ánimo de bossa, los otros en plena fanfarria con trombones y metales. entonces esbozó una historia de amor con final patético, en la que, por supuesto era la heroína. ellos arrancaron a reír. entonces ella empezó a endulzar la narración hasta hacerla desopilante. uno de ellos amenazó con reventar de risa, el otro dijo que se mojaría encima. el taxi seguía corriendo por la noche bajo la lluvia. parecían un par de hienas en un tiovivo después de comer pochoclo. empezó a reír levemente y enumeró mas situaciones patéticas. todo era tan actual, tan vigente, que casi no le dolía reírse de su propia pena. el animus de sus amigos había llegado a un punto sin retorno, aullaban cada vez como más fuerza y sus carcajadas movían el auto negro y amarillo. a ella le cayeron algunas lágrimas pero no se detuvo en su cuento de amor indigno. las tres mandíbulas se siguieron agitando rítmicamente hasta llegar al centro. allí se despidieron con un abrazo, ellos marcharon en el taxi y ella caminó, por primera vez aliviada, rumbo a su casa.
lunes, agosto 29, 2005
duty free
además de una infinidad de perfumes y licores que no tendremos tiempo para probar en lo que nos queda de vida, está el lanzamiento rimbombante de toda una serie de aparatos de uso dudoso que seguramente mejoraran nuestro siempre devaluado estándar de vida. tal es el caso de la estación meteorológica portátil que puede ayudarnos, gracias a su sensor de monitores de temperatura a distancia, a saber si llevamos o no un saquito cuando salimos de casa. con este aparato, la tía clarita queda absolutamente relevada de recomendarnos cualquier tipo de cosa respecto al clima, algo que permitirá que, si el buen tiempo lo permite, se tome unas merecidas vacaciones haciendo topless en una isla griega. todo solamente por 229 dólares, sin impuestos. una ganga.
sábado, agosto 27, 2005
noche de sábado en san juan letrán
empujó la diminuta puerta que comunicaba con el gigantesco altar. pasó agachado, casi gateando, su imponente humanidad. el lugar estaba oscuro pero él, llevaba un par de fósforos por las dudas. conocía el sitio a la perfección, desde sus tiempos de monaguillo almidonado. sin prisa, revisó la caja que había debajo de la imagen de la virgen y sustrajo un abundante fajo de ostias recién horneadas. después agarró sin protocolo la damajuana de vino tinto y la arrastró hasta el borde del escalón. después vació de monedas la urna de las limosnas que estaba junto a la puerta. se metió otra vez, con su botín por la puerta mínima. atravesó cansino la sacristía rumbo al salón que estaba en el fondo, donde había una mesa de futbolito para los feligreses más jóvenes. ahí encontró un par de botas con patines que había donado hace años, al grupo de la legión de maría. volvió a la nave central y se los puso, durante más de una hora patinó impunemente en los pasillos de la gran iglesia, ante la mirada atónita, de yeso, de san antonio y san juan. sus piruetas mas inspiradas contrastaban con la oscuridad del recinto que apenas registraba el sonido de las ruedas metálicas contra el piso embaldosado en imágenes del vía crucis. con la frente transpirada, volvió a la sala de los jóvenes y sin sacarse los patines cenó de un mordisco el grupo de ostias y las regó con un cáliz rebosante de vino sagrado. después, el padre benito se durmió la mona.
jueves, agosto 25, 2005
a las nueve, pasa el hombre de tu vida
salió bajo la llovizna, apenas resguardada por su sombrerito rojo. a unos pasos, iba él, con la camperita levantada que dejaba a la vista los bolsillos traseros, con pespuntes amarillos, del jean. sus ojos lo persiguieron, embelesados. era del mismo tamaño que aquel oso que nunca le habían podido comprar sus padres, el que estaba en la vidriera de la farmacia cuando era chica. un peluche estilo teddy que mediría unos cuarenta centímetros. este juguete no era de peluche, no tenia cuerda, no tenía un mecanismo que le permitiera decir “ ma-má “. era un humano, pequeño al extremo, pero humano. con sentimientos, con emociones, con unas lindas manos. con unos zapatos lustrosos, seguramente un talle 43. lo siguió bajo agua por algunas cuadras, esperando que él la registrara en algún momento. pero no sucedió. dando un saltito se metió en el hall de un edificio y desapareció por el corredor de los ascensores. ella quedó afuera, con la mirada de tristeza del cachorro en la vidriera de una tienda de mascotas.
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