otros eran los tiempos en que los porteros eran recios ex guardias de cárcel que guardaban armas entre sus ropas, sonrisas complacientes para las ancianas del edificio y comentarios llenos de sospecha sobre todos los jóvenes recién llegados a la torre. todo se borró como por arte de magia. la magia de cancelar los servicios de la empresa administradora y la inmediata contratación de una nueva empresa que se nutre, indudablemente, de otras fuentes. los nuevos porteros atienden al modelo del hombre de más de 45 años, de piel blanca a rosada, con las manos intactas por no realizar tareas manuales. apenas se las ingenian para cambiar una bombita de luz. apenas entienden que hay que abrir la puerta durante todo el horario y procurar que los ascensores no se tranquen en ningún piso por el descuido de un vecino que dejó la puerta abierta. no saben ni regar el potus de la entrada. príncipes en el exilio. duques destronados de palacio. aristócratas de incógnito. entre ellos se encuentra el que tuvo auto y un empleo fijo hasta que lo agarró algún cataclismo de esos que nos visitan seguido por estas tierras. esta también el que llegó allí gracias al pasaporte de un divorcio, una viudez o el cierre del comercio de un suegro exitoso. podría incluirse también aquel que hizo una mala inversión , lo arrastró la calamidad y sorprendió un accidente con la póliza vencida. la lista podría completarse con el que ostentó un vicio o tuvo una esposa ambiciosa que lo empujó por el barranco de las deudas en la tarjeta de crédito, el embargo, el remate y después se esfumó con su socio y amigo de jardinera. el nuevo oficio carece del glamour de las vidas que supieron tener en otros tiempos, pero no importa. habrá cientos de nuevos rostros dispuestos a entrar y salir para tenerlos entretenidos. seguramente estará el oído atento de una vecina solitaria a la que contarle, cuando baja de noche a pasear el perro, todo un catálogo de cuitas mientras ella parpadea con ternura y se compadece de su héroe.
domingo, febrero 05, 2006
jueves, febrero 02, 2006
información clasificada
la miró con serenidad y le preguntó en que fecha menstruaba. ella dio unas vueltas, hizo cálculos en voz alta y termino por no pasarle el dato. después se quedaron en silencio. el tomó el whisky y ella miro el techo con el ventilador de aspas marrones lleno de culos de mosquita pegados desde hacia tiempos inmemoriales. el dato había quedado en cualquier lugar de la conversación, como un cubierto de pescado que se deposita en una mesa de apoyo y se usa solo si lo requiere el comensal. esa manera de patinar el tiempo, el espacio y la información verídica se transformaría quizás en el sustento de una relación mas sólida. de todos modos ella pensó que había sido muy importante la pregunta y que la había agarrado desprevenida, sin depilar o sin llamar a la familia para avisarles la posible llegada de una buena nueva. como un auténtico regalo sorpresa en el interior de un huevo de pascuas, es decir como si en el huevo viniera una motosierra de siete caballos y el beneficiario lo recibiera como algo muy normal. no es normal encontrar una motosierra en un huevo de pascuas, tampoco es habitual que un chico en un bar te pregunte por tus condiciones fértiles a la vista y oído de todo el mundo. entonces, ella pensó que este chico no era cualquier chico. le había contado en la segunda cita que roncaba, algo que en general se oculta de manera sistemática por cualquier roncador profesional. ahora, en un décimo encuentro, salía con la cuestión de la fecha. ella pensó que él anotaría el dato en una palm. tal vez estaba preguntando el número por simple cábala o para saciar su declarado amor por los juegos de azar. el numero que buscaba era solo una excusa para apostar a la quiniela. quizás no, quien podría saberlo.
miércoles, febrero 01, 2006
al oeste del paraíso
un talento local revive el hit bailar pegados de sergio dalma y en el tiovivo hay ocho o diez niños que giran con los ojos rojos por el humo de los chorizos y la hora. en los botes, dos adolescentes se lamen como monos hambrientos mientras la hermana de ella se aburre infinitamente en la hilera de atrás sin otra cosa que agarrar que el monedero. bajo la mortecina luz del gusano manzanita, un grupo de chiquilinas juega al oráculo con un sapito de papel. una de las predicciones indica : trabajaras el resto de tu vida en el walmart . tres rebeldes ojerosos trasiegan el perímetro de la feria con sus raídas camisetas negras, sus narices atravesadas con piercings y una actitud de todo esto es una mierda pintada en el rostro. ella toma vino desde la ranura de una caja abollada de santa teresa mientras sus dos escoltas se preguntan si alguna vez le verán las tetas. el niño caramelero está centrado en su negocio, cuenta una y otra vez las pingues ganancias de la noche. mañana traerá mas chicles de la pantera rosa y un surtido de los alfajores que vienen con las figuritas de meteoro.
sábado, enero 28, 2006
licencia en la cochería
el terreno baldío, que queda junto a la casa de veraneo del empresario fúnebre, esta cubierto de maleza y encima de esta florecen varias guías de campanillas azules. tal vez, el olor dulzón que emiten cuando el sol les cae oblicuo a las seis de la tarde, no sea tan diferente al del interior de una carroza porteña después que se enterró el difunto y permanecen los restos de polen pegados en los vidrios. a pocos metros del puerto, se encuentra la casa que es amplia y de líneas simples, con un jardín con setos de gartegus perfectamente recortados, como si un cajón de verdes abrazara la construcción. no hay ruidos ni risas en el jardín del funebrero. nadie ahuma un poco de carne en una parrilla rodeado de una familia. no hay una pileta pelopincho en la que retocen niños a la hora de la siesta. ni siquiera una hilera de bicicletitas colorinchudas en la puerta del garage. con la misma discreción que caracteriza su trabajo, vive el descanso el funcionario de la parca. solo lo delata el largísimo sedan negro con cortinas púrpura cuando lleva a su esposa al supermercado.
viernes, enero 20, 2006
no juegues con la comida
la paloma pichón picotea un aro aplastado de galleta de arroz. lo pica, lo eleva en el aire, lo sigue con los ojos y lo caza de nuevo. sin pudor ni respeto, arrastra el alimento por la acera como si de una cancha de hockey se tratara y ella tuviera el disco y el gol inminente en su pico. avanza, se resbala como tejo, el último resto de la galleta de arroz . ella se pasea y con aire insolente le brinda un picotón. agoniza y suspira la galleta de arroz y la paloma niña la arrastra con desgano como la silla vieja de una casa de muñecas. ni el juez, ni el abogado, ni el fiscal, ni el que vende los timbres del juzgado, defienden los derechos de este digno alimento. ninguno de los cuatro resiste de algún modo el terrible tormento. tiembla la calle piria. viene la topadora y la paloma adolescente se va, indiferente. la lenta aplanadora que viene en retaguardia, se ensaña una vez mas con el último resto de la galleta de arroz.
miércoles, enero 18, 2006
baja el volúmen, amor
dani forma parte del selecto grupo de mis amigos tatuados. sin dudas es el más joven y el menos obsesivo con este asunto. sus tatoos son comics de trazo grueso, enmarcados en cuadrados con escenas de aliens en color que contrastan bastante con los dibujos barrocos o pre rafaelistas que lucen mis amigos que ya pasaron los treinta y cinco y creen que pincharse los rejuvenecerá, mientras el pelo se les cae a mechones inexorablemente. dani es un independiente en todo aspecto. un ser único, sin adicciones tribales, una de esas personas con las que la charla es llana y disfrutable. en eso estábamos la noche que aparecieron por el bar emi y sus amigas, chicas con ganas de conversar que me sacaron del paraíso de la charla simple para llevarme, subida a un carrito de compras, en un recorrido tipo tiovivo por el shopping de la charla femenina, con gin tonic como combustible. no puedo decir que no fueran graciosas y chispeantes, lo eran, pero tarde o temprano me hicieron bailar por una pista en la que no suelo sentirme cómoda ni feliz. la insoportable competencia entre mujeres. la más alta acaparó mi atención hablando sin parar, con los ojos entornados, sin enterarse por mis gestos si me aburría o me divertía. recorría mecánicamente todos los tópicos, dietas, estudios, viajes, novios, tradiciones familiares, logros profesionales y todo lo que me han hablado de vos un tema de conversación que no clasifico en ningún tesauro. las chicas brillantes no saben de la cortesía básica. por ejemplo, apagar un poco la radio y escuchar...el mar, la voz del otro....el camión del basurero. todo el monólogo se sostenía por la necesidad de mi contendiente de aplanarme con sus virtudes, como si yo fuera la empleadora de una importante compañía a punto de darle un gran puesto. una búsqueda desesperada e infructuosa de aprobación. entonces traté de imaginar que haría un hombre en mi lugar. eran las tres y cuarenta y cinco del nuevo día. vi pasar un mozo y le dije : la cuenta, por favor. por fin, ella se apagó.
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