a esa altura de la tarde era propicio abrir otra vez el libro de duendes y revisar, a conciencia, su dieta de nueces y raíces dulces del bosque. el sitio no podía ser mas adecuado para la tarea. un lugar cálido, de paredes color maíz, con una enorme alfombra de yute y esa tibieza dulzona de los lugares que sirven café. un lugar donde el café sabe a café y no a jugo de paraguas. un auténtico café de grano molido a la vista. los habitantes de esta ciudad deberían demandar a la nestlé por el daño que ha hecho en sus costumbres gastronómicas. un verdadero atentado al buen gusto y la lógica, sobre todo. algo que en las generaciones venideras resultara irreversible. generaciones criadas, mal criadas, a café instantáneo. la historia no los absolverá. este sitio, es uno de esos extraños lugares públicos en los que los que los hombres toman té sin temer a ser objetados en su masculinidad. un oasis de la buena conversación, la amistad, la confidencia. en esta esquina de los jesuitas con julio prado alguien anuncia, entre cientos de avisos de recitales de poesía, que enseña piano y solfeo. la vereda esta cubierta de hojas secas y el tránsito apenas se intuye. por momentos tengo ganas de sacarme las botas y ponerme pantuflas. no me gusta pasear por los lugares emblemáticos de las ciudades ya que son siempre edificios que de alguna manera han tenido una sangrienta trayectoria, el coliseo romano, las torres gemelas, el arco de triunfo. no me gusta financiar la apología a la violencia de los tours ciudadanos. nada de soldados desconocidos. por eso tampoco no fui a la moneda, me quedé en el café bovary disfrutando como un gato al sol, masticando una galleta de almendra con chispas de chocolate.
jueves, mayo 18, 2006
martes, mayo 16, 2006
que llueva, que pase, que salga
van cuatro días y aun no he visto la montaña. apenas puedo decir que probé el pisco souer, una bebida dulzona e interesante de apariencia a daiquiri. confío en que detrás de todo esto, haya un pedazo de la cordillera y que lo que los locales dicen que es niebla o smog sea efectivamente la razón para tanto ocultamiento. algunos prometen que, si hay lluvia, se ira un poco la contaminación y podré entender mas o menos en que sitio me encuentro. por ahora solo veo el cielo gris y el aire húmedo y espeso y trato de creer que antes de volverme a mi tierra, veré montañas y cerros verdaderos. lo único que he podido apreciar todo el tiempo son autos corriendo a toda velocidad por las avenidas, de día y de noche. como locos, todos los santiagueños parecen ir a alguna parte, en auto y rápido. por eso aparecen los accidentes de sus carros en la televisión casi todo el tiempo. tal vez tenga que ver la inminente destapada de la montaña, cuando pase la niebla, cuando salga el smog, cuando llueva. nadie aspira, como en montevideo, la llegada del sol y con el ese estado de vagancia y lagarteo. no, aquí hay cosas importantes para hacer, para ser, para vivir. aun no las encontré, pero estoy segura que existen. por ahora, no me falta nada para ser feliz. hasta me hice unos amigos en un mini mercado japonés de la esquina. son jóvenes y hay uno que apenas entiende el español pero usa un pañuelo anudado al cuello como un dandy parisino de principios del novecientos. me hablan de punta del este y a mi me da pudor pero les sonrio igual. ellos no parecen esperar que pase la niebla, que corra el smog, que llueva. ellos solo quieren que entre el cliente y en lo posible, que compre.
jueves, mayo 11, 2006
delicias de la autogestión amorosa
la miró raro, como a un pescado con piernas. en aquel estado no podía esperar otra cosa de él. nunca una mirada tersa o relajada como la de aquel perro amarillo que la merodeaba al mediodía cuando salía del trabajo. había buscado una puerta, no la de su corazón sino una salida de emergencia para escapar de una relación que tenia el dolor asegurado. había buscado infructuosamente, como el que pierde una llave en una playa, un boquete liberador. esta vez pudo reconocer su error. lo había subestimado. algo que él no se merecía, pero ella lo había hecho, con esa frialdad que las mujeres tenemos a la hora de joder a los hombres. tal vez no le perdonaba el hecho que él trabajara afanosamente en pos de demoler su autoestima con frases sueltas como “a veces me pareces tan fea “…para después compensarlo con otras que decían “cada día te veo más linda “ . ese tipo de conducta merecía azotes, empalamiento en la plaza pública, circuncisión sin anestesia hecha por un aprendiz de carnicero. esta conducta merecía el olvido, el olvido sin perdón. entonces se detuvo un instante para mirarlo y entendió que él mismo sería el portador del problema y la solución. como cualquier hombre hambriento que sale a hacer las compras y después se pone a cocinar. sería cuestión de darle tiempo.
sábado, mayo 06, 2006
servilismo catódico
la vi anoche en la televisión. ah...pero no era procuradora. no, no soy procuradora. ah...como me dijo que era procuradora. no, no creo haberle dicho eso, me parece que se confunde de clienta. se alejó, un poco desconcertado y conmovido a la vez por la revelación. en el camino, se cruzó con el otro mozo, el joven, que sostenía la teoría que soy estudiante. no, no soy estudiante. soy un poco vieja para ir a la facultad. frase con la que había logrado congelar aquel conato de intromisión. en la mañana del domingo había suficientes clientes llenando el salón del bar como para estar ocupándose en nimiedades. los mendigos se superponían a los parroquianos en un desfile interminable hacia el baño del fondo. los dos mozos, el que la atendía en las mañanas y el joven que solo la veía los fines de semana, pensaban que de todos modos valía la pena acosarla. así que iniciaron una singular y silenciosa competencia. el primero le acercó el suplemento de espectáculos, acorde con lo que se había enterado cuando la vio en la pantalla fría. entonces el otro dio varias zancadas con la taza de café y el suplemento dominical para aterrizarle en la mesa aquella ofrenda que cargaba casi la misma ansiedad que las ratas que su gato ofrecía con orgullo en la puerta de la cocina después de arduas jornadas de cacería. mientras trataba de abstraerse y leer toda aquella información vacua impresa en papel ordinario, el más veterano rescató el cuerpo del diario, con portada incluída y lo tiró, enorme y desarreglado, como a la piel de un tigre de bengala encima de la mesa de cármica, el vaso de café y el plato con las migas de la medialuna.
viernes, abril 28, 2006
cementerio de ex
ahí están todos, enterrados dignamente. por fin existe un espacio en el que, cualquier antigua relación, puede dignificarse. hay hasta un servicio para regar las flores en el caso que alguien las haya plantado, atendiendo al caso que uno se digne a dar una propina al jardinero, por supuesto. en aquel espacio uno tiene la chance de, en vida, homenajear a aquellas personas que han pasado, silenciosa o estruendosamente, a la condición de ex. en la primera fila, bajo los antiguos robles, se entierra a las ex parejas. en la medida que uno se va internando en los diferentes anillos del cementerio encuentra lugares menos paisajisticos, menos atendidos en los que reposan ex vecinos ignotos, los ex porteros, las ex empleadas domesticas por hora y ex vendedores de libros a domicilio. en el camposanto de los ex tambien se puede, por un precio módico, dejar algun tipo de ofrenda y también plantear, via buzón, cualquier nueva informacion que el ex considere conveniente comunicar. la foto del novio actual de una ex, una foto de la misma ex después de su lipoaspiración, sonriendo en bikini en una isla griega del brazo de su actual, una carta en la que la ex enumera las miles de virtudes que ha descubierto una vez que la relación terminó. siete años después, por ejemplo. el servicio ha resultado tan exitoso que un amigo emprendedor está pensando seriamente en invertir en la versión virtual de esta magna institución a la que podríamos recurrir vía correo electrónico o celular, para desviar todos los emails y sms que nos llegan aun de aquellas relaciones que, lamentablemente, ya están muertas.
miércoles, abril 26, 2006
costura en famila
la arrastró hasta el living y ahí, encima de la mesa descubrió los moldes, cuidadosamente cortados sobre un papel fino y marrón. la hija entendió que no habría escapatoria. la madre se había propuesto coser y no pararía hasta verla con alguno de sus modelitos puestos. esto sería mucho más difícil que comerse el budín experimental de jengibre de la abuela, otra creativa adepta a usarla como conejillo de indias. la hija siempre debía prestar su paladar, su pelo o su propio cuerpo al servicio del hobby que estuviera de turno. tampoco era cuestión de despreciar la oferta, eso había aprendido de el padre, que hacia años deambulaba en los inviernos con aire de resignación luciendo un buzo rojo de lana, tejido por la abuela, que tenía una manga notoriamente más larga que otra y dos tonos de rojo sospechosamente similares pero diferentes mezclados. entre las virtudes de la costura de la madre, podía reconocer una tendencia al minimalismo, provocada quizás por cierta necesidad de verse libre de cosas esclavizantes como los ojales o los bolsillos con tapita. lo de ella era cortar líneas simples, amplias a veces, como carpas y en lo posible coser lo más derecho que se pudiera hasta finalizar el género. la madre no aspiraba a realizar almohadones, sino a realizar pantalones, chalecos, piezas complejas que a veces resultaban imponibles. le gustaba consultar sobre estampados a sus futuros modelos de manera que estos, al optar o sugerir un determinado estilo de tela se vieran obligados a lucir la prenda sin más. se preocupaba por coser todo forrado lo que a veces creaba esa falsa sensación de algo trabajoso. amaba los pespuntes, las rayas, los escoceses pequeños y detestaba las telas oscuras porque no veía nada mientras cosía. en general reprobaba todo el contenido del ropero de la hija , estos intentos de fabricación casera apuntaban a nutrirlo con mejores opciones que las de su gusto tergiversado y vulgar. esta vez las cosas no le saldrían tan bien. a la hija le entusiasmó al extremo la propuesta, seleccionó los tres moldes de chaleco y emprendió a la calle a buscar las telas para fabricarlos. no tuvo pudor a la hora de seleccionar telas caras o de tonos imposibles de combinar y agregó cortes de forro de tonos insultantes como para finalizar la cruzada. la madre apenas podía seguirla, superada por tantas opciones, colores y accesorios. la tarea sería extenuante, los materiales se veían difíciles, resbaladizos y de notorio mal gusto. la hija no dejaba de sonreír blandiendo, con aire inocente, la tarjeta de crédito.
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