Favorito de las masas

enamorarse de un idiota

lo más sencillo que puedes hacer, cuando venga la primavera, es enamorarte de un idiota. no tendrás que caminar mucho para encontrarlo y él...

martes, marzo 21, 2006

nunca tuve un robot

la primera vez que vi uno estaba en una revista. no puedo considerar que una procesadora de verduras sea un robot ¿ o debería ? tal vez pretendo que un robot de muestras de un grado mas elevado de inteligencia artificial .que pueda comprender una serie de cosas, comunicarse, resolver una cierta cantidad de problemas básicos. lo que le podría exigir a una mascota o tal vez menos. lo que no estoy dispuesta es a adorar a una máquina por el simple hecho que cumple con el objetivo para el cual fue diseñada. sería tan absurdo como instalarme en una sillita playera, un sábado de tarde frente al garaje de mi vecino y dedicarme a cantarle loas a su auto, a la inspiración del diseñador y a la estrategia de la marca. cuantas veces damos por el pito más, de lo que el pito vale. todo el tiempo. quizás sea una estratagema para disimular nuestra falta de brillo, nuestra intrascendencia, nuestro sempiterno aburrimiento. a veces, cuando no tenemos a mano un robot podemos cargar nuestras baterías admirativas sobre un creador, un deportista o una estrella de tv. a veces, la joven madre puede ingresar en el terreno de la auto adoración y hacer comentarios imposibles sobre los atributos sexuales que vio en la ecografía de su futuro bebé. a veces, la joven madre puede alienarse al punto de planificar que, una vez fecundado su ovario de ojos verdes por el espermatozoide de ojos grises de su apuesto marido, tendrá por resultado nada menos que a luis miguel. ah ! asi salen los hijos hoy en día... hay tanta estupidez en el horizonte. tanta brutalidad. tanto desconcierto. y yo, que nunca tuve un robot.

sábado, marzo 18, 2006

tarea

cuando todos salen del trabajo me mezclo en la montaña humana. copio la mirada perdida de los oficinistas alienados que salen a capturar los últimos rayos de luz natural, con las pupilas cargadas por los destellos del tubolux. camino contra la corriente desde la parte más espesa de la ciudad, donde toman los ómnibus, los autos, los taxis para regresar a casa. a veces, imito el andar cansino de un burócrata con maletín, cuando arrastra sus pies con zapatos negros de plantares por la panza de la vereda con el aire sufrido de alguien que sube el everest cada tarde. miles de émulos de amundsen llegarán a sus hogares, con la sensación de haber hecho algo asqueroso, indispensable y útil para la sociedad : trabajar. y yo, disfrutando del despido, solo puedo ir en la misma línea, aspirando los restos del aire viciado de las oficinas, saboreando las partículas de desodorante barato que sobrevivieron a una decena de horas de inactividad fehaciente, pisoteando los últimos restos del talco para los pies. marcho por encima de las ilusiones de tantas personas que alguna vez fueron niños, que alguna vez arrastraron con desgano la cartera rumbo a la escuela y que alguna vez pensaron que tendrían una vida mejor. uso la parte que me corresponde de vacío y tedio. uso la parte que me corresponde del trampolín que me lanza hacia la nada, al vacío, a la completa soledad. no distingo su vacío del mío. no los diferencio con un remarcador rojo o con un grafo fluorescente. todo es lo mismo, mi salida farsesca de un trabajo que no existe y la salida sobre actuada de un trabajo que no satisface. ¿ al fin, que diferencia puede haber ? el mismo tedio, el mismo olvido, el mismo tono. pero existe la diferencia, lo que hace que el maquillaje no sea lo mismo que la cara. una sutil separación entre las realidades, en el fondo, yo estoy jugando. ellos no.

miércoles, marzo 15, 2006

libertad intestinal

siete y media de la tarde. apenas empieza a inclinarse el sol. detrás de una columna, una señora de unos cincuenta años se baja unas bombachas amarillas y orina alegremente en la vereda. viste un trajecito con chaqueta y pantalón verde musgo, con un buzo de hilo color salmón. se ríe mientras sostiene, alejada de la acción, una carterita de terminaciones en cuero de potro. la columna revestida en granito del portal sobre la calle buenos aires hace muy poco para cubrirla. la veo mientras camino hacia la esquina del teatro, entre el humo de los taxis y los buses que se amontonan, a la hora que todos salen del trabajo, entre el caos del cierre de jornada en la city. a pocos metros una amiga rubia, algunos años más joven, también vestida con elegancia, sonríe y festeja un comentario de su amiga, la desinhibida, que termina su tarea y se lanza una risotada desafiante. disimulo y sigo mi camino hacia el concierto en homenaje a mozart que empezara en unos minutos. recuerdo en la primera vez que vi a una mujer haciendo caca en plena calle. fue hace mucho tiempo, cerca de un balneario, en brasil. pasada la medianoche, por la peatonal de la ciudad, el centro turístico por excelencia. una mujer de piel oscura y pelo abundante corrió delante del grupo en el que veníamos varios compañeros de viaje, se detuvo en un punto, arrolló su vestido y se puso en la posición más cómoda para lograr el alivio de su carga. en segundos dejó su ofrenda entre los adoquines y siguió su camino, más lentamente, más aliviada. entro al teatro solís y me quedo esperando la llegada de unos amigos con los que compartiré la función. bajo las luces, encima de la alfombra roja veo desfilar a la transgresora, haciendo su entrada triunfal. no sé si mirarla con reprobación o envidia.

domingo, marzo 12, 2006

las que me gustan

no me llamo raúl, tampoco soy bombero. encontré un modo de ligar el tipo de mujeres que me gusta usando el chat de floricienta. descarto a las pendejas porque no quiero tener problemas con la ley. busco mujeres aniñadas, de esas a las que ya les pasó el cuarto de hora. las que usan bombachas bordadas con caritas en la cola y se duermen chapándose un dedo. hace poco encontré a una cincuentona en ese plan. abogada laboral. tenía un dormitorio rosado con un acolchado mullido, cortinas rosa viejo, cuadritos rosados de marco rosado y un sofá con gobelino de rosas color...rosado !!! no estaba mal la veterana, parecía de treinta o de veintipico. después me aburrió, conversaba todo el tiempo como florencia bertoti, habría los ojos enormes y me hablaba sin parar. estaba medio zarpada. me asusté un poco y me borré. uso el uniforme que me compré en la casa del bombero porque las minas tienen fantasías con los bomberos y me ayuda a ligar ya que no soy muy agraciado. para ellas los bomberos somos buenos, somos ardientes y las vamos a salvar. mis citas las hago frente al cuartel para darle mas veracidad a la cosa, pero en realidad, soy ayudante de cátedra en la facultad, en la materia antropología III. no terminé la carrera, soy estudiante de medio pelo. me quedaré en la facultad de por vida, en puestos mal pagos. el problema es que ahí no me puedo ligar a ninguna, porque pierdo el trabajo. además no hay de las minas que a mi me gustan. entonces uso el chat y arraso. todas mienten siempre. dicen que son chicas y son viejas, dicen que son una y son dos. cuando no me gustan recurro a una táctica infalible : me hago pasar por opa. me compré un álbum de floricienta a medio terminar en la feria de tristán narvaja y se los muestro con aire embelesado. después les pido las figuritas que me faltan. rajan enseguida y no me joden mas.

domingo, marzo 05, 2006

acné

habían resultado las peores de la clase. de ninguna forma sus padres podrían premiarlas con el consabido viaje de un año a conocer los kibutz en israel, un paso que resultaba obvio incentivo para cualquier adolescente. sus progenitores habían sido vencidos ante la evidencia y ni siquiera hablaban entre ellos del fracaso de sus hijas. tampoco trataban de alejarlas entre si. la suerte estaba echada. quizás, con el tiempo y tras el empuje de los primeros granos, franciose se convertiría en una belleza. quien sabe si no será una chica de esas por las que todos suspiran. debbie no tenía una perspectiva brillante en ese aspecto pero tal vez, una cirugía temprana podría ponerla en carrera también. no había una estrategia diseñada para sacar a esas dos brujas malintencionadas que les habían tocado como hijas y ponerlas en el camino correcto. ni sus abuelas lograban enderezarlas, ya se habían entregado. en el colegio lideraban una barrita de chicas desalineadas, cuyo máximo galardón consistía en sacar el mínimo puntaje en las pruebas mensuales. dos médicos y dos ingenieros que se habían recibido con honores y eran los más destacados profesionales de su generación habían alumbrado a un par de hijas capaces de estropear las vacaciones, el bar mitzva y el rosh hashanah a toda la familia. una tarde, chateando en el sitio de floricienta encontraron a un ser tan marginal como ellas dos. un fanático de la diva de la pantalla de veintitrés años, proveniente del norte del país y de profesión bombero. ellas no eran admiradoras del personaje, les gustaba entrar al chat solo para usar una falsa identidad y extraer datos de algún ingenuo para molestarlo más adelante con envios inesperados, como un camión de leña o seis cajas de ravioles pedidos por teléfono. ruben las fue conmoviendo de a poco, sus ideas eran simples y estaba abierto como la puerta de un casino. ellas sintieron que para sus padres, no habría nada peor que enterarse que sus hijas se conectaban secretamente con un goy que encima de pobre, era mayor de edad. entonces armaron una cita. a las siete de la tarde, se encontraron con el pobre de ruben, en la esquina del cuartel donde hacia la guardia, vestido con su uniforme azul de brin y el chaleco fluorescente que usaba para las salidas de emergencia. ellas tenían pensamientos confusos, se imaginaban que él podría proponerles un encuentro sexual o tal vez se enamoraría perdidamente de una y eso crearía el esperado escándalo familiar. cruzaron a la plaza cercana y él les mostró el tesoro que traía envuelto en una ajada bolsa de plástico marrón. allí desfilaron, una a una, las figuritas que había logrado pegar en el álbum de floricienta . luego las inquirió sobre las que le faltaban, tal vez ellas podrían tenerlas. “seria lindo completarlo comentó. no tuvieron el coraje de reírsele en la cara. volvieron a sus departamentos de seiscientos metros cuadrados con vista al mar más calladas que nunca.

miércoles, marzo 01, 2006

guzman, un americano en parís

había pasado los últimos tiempos alternando entre su falsa identidad mapuche y su falsa identidad guarani. en aquellos días, ser exótico, oscuro y con un pasado indígena podía darle algunos dividendos. se dedicaba a contar largas e increíbles aventuras a una audiencia pasiva, ingenua, parisina e impoluta. mientras pasaba las horas tomando el té en casas de viudas, en las que devenía de empleado doméstico por hora a indígena con un pasado alucinante, había aprendido algunas cosas sobre su verdadero origen y vocación. para no aburrirse, alternaba la historia del rapto en plenas cataratas del iguazú, perpetrado por un dúo de franceses desesperados por un hijo con aquel del niño mapuche perdido luego que su familia fuera desalojada a punta de rifle de sus tierras. américa se veía lejana y vegetal. américa se veía como una virgen de enormes senos, una y otra vez vejada por el conquistador europeo. su público se iba incrementando en la medida que su fama crecía y aparecían nuevos clientes para hacer limpiezas. le pagaban por pena, por vergüenza o solo porque les gustaba tener una ficción en casa dos veces por semana. el se iba sin prender ni siquiera la aspiradora, rumbo a otra casa donde otra dueña estaría esperando su versión de la historia, aquella historia que hasta el propio salgari podría envidiar. en algunos momentos, para impresionar, reconocía una lámina de van gogh y su platea quedaba impactada ante esta suerte de kaspar hauser capaz de aprender las reglas del mundo civilizado despues de salir de la barbarie. todos los años que habia pasado en la escuela sanguinetti de la avenida ocho de octubre y los preparatorios cursados en el iava alcanzaban para mostrar esa patina de uruguayo instruido, blanco y de clase media. al caer la tarde, con los bolsillos llenos y la espalda en perfecto estado, volvía a su pieza en el cartier latin, a tomarse unas copas y esperar la llegada de otro día.