Favorito de las masas

enamorarse de un idiota

lo más sencillo que puedes hacer, cuando venga la primavera, es enamorarte de un idiota. no tendrás que caminar mucho para encontrarlo y él...

miércoles, diciembre 31, 2008

resbalate amor

cae una inesperada llovizna en la ciudad. es sábado y oscureció. apenas un mínimo rocío se despliega y traiciona tres meses de sequía. la noche agradece este gesto de frescura urbana. en la plaza, dos parejas bailan una milonga mojada y erótica. bajo techo, un grupo de curiosos mira el evento. son cuatro seres independientes, plenos, deslazándose sobre la acera empapada. cabezas unidas por la frente, cuerpos graciosamente pegados por la música. curvas y retorcidas de piernas se trazan por el aire con una voluntad férrea. a la distancia, los veo enjabonados por el ritmo, el calor, la mojadura y la impunidad de las sombras. intensos como los cortes, profundos como las quebradas. metidos en un mundo impenetrable por los demás; los curiosos de la calle; los mirones; los aburridos sempiternos del domingo; los pobres envidiosos en general. son el centro de miradas y deseos, que abrazados y perdidos en su historia, circulan por la pista imaginaria de baldosas de granito rosado. bajo el toldo, amontonados, los que parecen testigos del juicio final. están quietos, ensimismados, detenidos ante aquel evento singular: una llovizna. asustados por sus terribles consecuencias. frenados en sus instintos de felicidad. congelados en su propios frezzers. amargados sin saberlo. embarazados por su pacatería individual. protegidos por sus prejuicios y sus miedos. y ahí está sonando la reina del río. la única, la indiscutible, la milonga prohibida. la procaz, la fea, la loca, la desdentada. la puta. la maculada. la que no tiene dueño, ni ley, ni paz. la que lleva a lo oscuro. la pecadora impenitente. la única diosa del sur. la asesina de sueños, vividora de orillas, rompedora de hogares, enterradora de reputaciones. la única guía posible por los dominios de hades. la pasajera desnuda de la barca de creonte. la que se frota las puntas de los senos cuando la espían. y cuando no la espían, también.

martes, diciembre 23, 2008

soy una pasada de moda

si señores, en estos días puedo afirmar que existen unos nuevos-viejos formatos de la felicidad-infelicidad conyugal. y estoy realmente maravillada observando como algunos de mis amigos, personajes con ciertos atributos interesantes, se dejan acoplar por estos modelos en busca o quizás, en un intento por conseguir definitivamente la felicidad. es por eso que, señores pasados los cuarenta años, aceptan ser conducidos como niños del brazo de la madre por mujeres que los miran con recelo y los increpan ante la más mínima intención de liberarse. hombres grandes, barrigudos, profesionales exitosos, tipos con humor, intereses, pasiones….llevados como peleles por mujercitas obsesivas, celosas, brujitas sin escoba. en estos días previos a la navidad me cruzo con tres ejemplares. el primero es un tipo estupendo, realmente adorable. ella no vale más que su histeria. es tan vieja como él, un poco mas deteriorada, usa un pelo casi sin peinar y carece de todo humor. más bien, abunda en gestos de fastidio. el segundo dúo tiene una mujer más joven, un hombre más bello. la tensión es infernal, no entiendo como logran convivir. por último me encuentro con el más intelectual de los tres, el más depravado, el coleccionista de zapatos de tacón. ahí esta, con su dominatrix de mandíbula apretada, una simple empleada administrativa que seguramente esta pagando las cuotas de su ultimo latigo. recuerdo como eran con sus anteriores mujeres, me acuerdo como eran sin mujer, me acuerdo como creía que eran pero evidentemente no son. lo divertido es cuando a ellas también las conozco y me doy cuenta que están absolutamente distantes de su forma habitual de ser, actuando en esa cuestión enfermiza-curativa de la posesión del macho. posesión diabólica si la hay. me pasa algo extraño con estas parejas nuevo-simbióticas. me dan vergüenza. me pongo colorada, no sé. es como un pudor por la última migaja de honor masculino, una especie de respeto un poco pasado de moda, sin duda, por los del género de enfrente. tal vez, no lo merezcan.