Favorito de las masas

enamorarse de un idiota

lo más sencillo que puedes hacer, cuando venga la primavera, es enamorarte de un idiota. no tendrás que caminar mucho para encontrarlo y él...

miércoles, abril 13, 2005

on off

le gustaba tomar el té con la anciana y escuchar los relatos escalofriantes que generalmente protagonizaban personas que ella había conocido pero ya había olvidado. en aquellas narraciones solía enterarse que alguno de sus compañeros de jardín de infantes había resuelto inesperadamente salir de la mediocridad y la rutina del pueblo para convertirse en un psicópata capaz de encadenar a sus tías, gemelas y ancianas, a un oscuro y húmedo rincón del sótano en la casa de veraneo, solo para cobrar mensualmente sus exiguas pensiones a la vejez. ese universo de maldad infinita, de cadáveres enterrados en el patio, constituían gran parte del encanto de aquellos encuentros que olían a arsénico y encaje antiguo. el resto era el perfume de rosas del polvo de arroz que cubría levemente el rostro de la anciana que parecía a veces una magnolia fragante y otra veces un merengue coronado con cabellera de plata. sus finos comentarios, las caídas de ojos y los sugestivos silencios interrumpiendo cualquier frase, eran las armas que usaba en los casos de adulterio. temas que no podían faltar en una buena conversación de salón. a veces la interlocutora se dejaba llevar por su febril fantasía y añadía relatos sobre ciudades techadas, abrazos furtivos con mao tse tung en la muralla china y milagrosas curaciones de la neurosis al ingerir orines. el mejor momento de la charla empezaba cuando surgían los recuerdos de amantes moros o griegos de manos anchas, revolcones inolvidables en la orilla embravecida del océano o a bordo de rústicos botes de pesca en el adriático. después llegaba el tiempo en que la tetera se vaciaba y las lengüitas de gato desaparecían de la fuente. entonces la charla perdía de a poco el ritmo y la anciana entraba en un ensueño del que resultaba inoportuno sacar.