Favorito de las masas

enamorarse de un idiota

lo más sencillo que puedes hacer, cuando venga la primavera, es enamorarte de un idiota. no tendrás que caminar mucho para encontrarlo y él...

domingo, junio 24, 2012

en el otro mundo

la tarde anterior, había revoloteado en la colección de orquídeas. esas flores llenas de misterio que parecían estar siempre dispuestas a sorprender sin avisar demasiado. frágiles y al mismo tiempo fuertes, extrañas y extranjeras, colgaban de las ramas del jardín y se ocultaban en pedazos de corteza que su dueño había seleccionado. “ todas son robadas” pensó. tal vez por eso, el jardín tuviera tanta alegría. una pequeña celebración de lo prohibido.
interrumpían el sueño a las cinco, para hacerse caricias con la mano, con la voz, con la punta de la lengua.después se envolvían otra vez en sus cuerpos de cáscara de naranja y continuaban ronroneando hasta perderse nuevamente en el silencio.
cuando entró, sintió que algo le oprimía el pecho. no era una emoción singular, sino una sensación producto del ambiente. había entrado a una suerte de templo franciscano, de esos que no han sido, durante siglos, trasvasados por el aroma de una mujer. los muebles, los colores, las personas, los ángulos, habían sido distribuidos en función de un único objetivo: imponer respeto, tal vez inspirar miedo. adusto, austero, serio, severo. casi una celda de castigo. repasó con la memoria el refectorio que había visitado recientemente, en el área de la vivienda sacerdotal donde pueden acceder las mujeres. era un ambiente respirable, comparado con este claustro cívico. quiso escapar, pero la entretuvo la amable charla de su anfitrión.
dos gotas no se parecían más que ellos. las gotas, son todas diferentes. con mucha voluntad, probaron trazar puentes, en un intento de creerse parecidos. como si esto pudiera salvarlos de una posible debacle nuclear.
cuando se fue, no tenía una idea cabal de lo que sentía. se dejó envolver por el aliento de una duda mayor. regresó al gineceo, a las tostadas con mermelada, a las superficies blandas, al calor.
al día siguiente, reconoció que había tenido ganas de abrazarse a la secuoya, la única mujer con la que se cruzó, en un rapto de soledad. un pequeño pudor se lo impidió.