Favorito de las masas

enamorarse de un idiota

lo más sencillo que puedes hacer, cuando venga la primavera, es enamorarte de un idiota. no tendrás que caminar mucho para encontrarlo y él...

sábado, enero 08, 2005

carretera perdida V

vamos tras los cultivos de verano. tu, la cámara, el trípode, la película, yo y la valija del auto cargada a tope de draft guinness. nos empuja la música de ray cooder en su etapa de desierto californiano, antes que se dedicara a explotar el mambo y la rumba. tenemos marcado un circuito de caminos vecinales y vamos tras el maíz. pero el sorgo es hermoso y paramos a ver el perfil de la ruta con esos penachos violáceos y marrones que deslumbran cerca de malabrigo. después son diez kilómetros de lagartos plateados asomados al asfalto, perpendiculares a nuestro recorrido, suspendidos en el calor, pasando mahoma. todos son distintos, todos son espectaculares. paramos en palmitas por un vaso de vidrio frío, algo indispensable para saborear mejor la cerveza. se anuncia un gran baile, con los “ universitarios “ que se peinan como farrah fawcett y nos sonríen desde un afiche casero. nos refrescamos un poco en el baño del bar, intercambiamos labiales y aceleramos el paso rumbo al hum .

levantando tierrita

bailo apretada con un gaucho vestido de domingo. bombacha negra, chiripá colorado, camisa blanca bordada con rosas rojas, bigote generoso, perfume envolvente y sombrero de ala ancha colgado en la espalda. la orquesta toca una clase de corrido mexicano de esos que desafían cualquier chance de melancolía. el océano enmarca el patio de la escuela donde estamos todos los habitantes de la villa, dedicados a la colaboración, el beberaje y la danza. a mi lado, mis amigas porteñas, de minifalda de cuero, en los brazos de otros gauchos danzarines. sé que me ligué el galán del baile, pero trato de disimularlo y no sentir culpa. no sé si son las dos o las tres, si tomé cerveza o whisky, cierro los ojos y me dejo llevar por el experto.

sos informal, pero te adoro

íbamos a encontrarnos pero te emborrachaste a las tres de la tarde con una botella de whisky que te trajo otra amiga. de fondo sonaba algo así una pelea de varias gatas en celo. seguimos hablando por teléfono en varias ocasiones durante la tarde mientras te pasabas al pisco y la casa se te llenaba de gente y te paseabas con una bata egipcia repartiendo copas. y yo desde mi living siguiendo tu orgía online.