domingo, enero 16, 2005

una noche en promenade

el panorama después de las nueve es desolador. las tiendas cerradas, las marquesinas apagadas y las veredas, que antes estaban atestadas de gente paseando, son invadidas por mendigos de todas las edades. algunos arrastran equipos de música, megáfonos, micrófonos, valijas con maquillaje, elementos de vestuario. otros directamente arman camastros en las vidrieras de las tiendas más sofisticadas con bolsas de dormir o cartones. a lo largo de seis cuadras de la peatonal se ve llegar pordioseros arrastrando carritos de supermercado o valijas. algunos recitan trozos de obras de shakespeare o arthur miller, otros ensayan personajes de los castings donde nunca fueron admitidos. son los restos, los despojos depositados en el patio trasero de la capital de espectáculo. actores que nunca llegaron a nada, que nunca obtuvieron un papel o lo perdieron todo. ahí están también los que ni siquiera soportaron ser camareros o choferes de taxi, los que no pudieron disimular su condición. tal vez solo sean artistas pirados que insisten en conseguir un espacio frente a la platea, no importa como esté conformada. son más de seis largas cuadras de monólogos, maquillaje y soledad. se mezclan los veteranos, que generalmente cargan más equipaje con los recién llegados como una joven mujer rubia perfectamente peinada y vestida a la moda que parece salida de una telenovela de beverly hills. quizás sea su primer noche en este paseo de la fama del fracaso.