viernes, julio 08, 2005

diviérteme

había tenido siempre la habilidad para imitar a otras personas. podía pasar horas haciendo un personaje solo para entretener a sus amigos. capturaba la manera de hablar, los gestos del rostro, los tics y vanidades de sus imitados, el resultado era hilarante. aquella noche en el bar, se encontró con un par de personas a las que quiso impresionar. sin saber muy bien porqué, se lanzó a describir a un infeliz que vivía gracias a la caridad de una organización judía, se vestía con gran elegancia y enloquecía a todo el mundo con su megalomanía. el personaje era un tipo insoportable, que no podía parar ni un segundo de hablar estupideces con los más mínimos detalles. al mismo tiempo, era alguien de una vasta cultura y estudios, un desconsolado de esos que las ciudades albergan en los rincones más inesperados. un fracasado que ya no tendría tribuna porque estaba viejo, pobre y solo. entonces empezó a imitarlo, a hablar sobre cualquier tipo de imbecilidad con un detalle exquisito, describió lo que había hecho el personaje en las últimas veinticuatro horas, lo que había leído, lo que había dormido, la manera que se había desvelado y el programa radial que había sintonizado. los demás celebraron con sus risas el logro. no conocían al personaje pero lo estaban viendo en su mejor imitación. entonces el imitador trató de volver a ser el mismo y no pudo. quizo recuperar su tono de voz y seguió hablando como el tipo, intentó olvidar los gestos y tics pero aquel infeliz le había quedado adentro del alma, tatuado para siempre.

4 comentarios:

Tomás Eastman dijo...

difícil de olvidar. mismo

Tomás Eastman dijo...

difícil de olvidar. mismo

Adrián dijo...

Te voto como reina del universo.

Rebecca Milans dijo...

que lindo voto !!! gracias.hacia tiempo que no veía a un imitador natural tan inspirado y cruel