Favorito de las masas

enamorarse de un idiota

lo más sencillo que puedes hacer, cuando venga la primavera, es enamorarte de un idiota. no tendrás que caminar mucho para encontrarlo y él...

jueves, septiembre 01, 2005

tres en taxi

cuando se subieron al taxi abrazados, tenían esa risa tonta del porro recién fumado. ella los esperaba hacia rato, envuelta en un pequeño chaleco de tristeza que la acompañaba el último par de días. apenas el taxista arrancó, por la larga rambla, empezó a caer la lluvia. el asiento trasero estaba animado, los tres amigos habían pasado una larga noche entre vino, tango y amigos. ella estaba con ánimo de bossa, los otros en plena fanfarria con trombones y metales. entonces esbozó una historia de amor con final patético, en la que, por supuesto era la heroína. ellos arrancaron a reír. entonces ella empezó a endulzar la narración hasta hacerla desopilante. uno de ellos amenazó con reventar de risa, el otro dijo que se mojaría encima. el taxi seguía corriendo por la noche bajo la lluvia. parecían un par de hienas en un tiovivo después de comer pochoclo. empezó a reír levemente y enumeró mas situaciones patéticas. todo era tan actual, tan vigente, que casi no le dolía reírse de su propia pena. el animus de sus amigos había llegado a un punto sin retorno, aullaban cada vez como más fuerza y sus carcajadas movían el auto negro y amarillo. a ella le cayeron algunas lágrimas pero no se detuvo en su cuento de amor indigno. las tres mandíbulas se siguieron agitando rítmicamente hasta llegar al centro. allí se despidieron con un abrazo, ellos marcharon en el taxi y ella caminó, por primera vez aliviada, rumbo a su casa.

6 comentarios:

Jhonny dijo...

Que bueno lo de las hienas en un tiovivo después de comer pochoclo. Y el humor ayuda, siempre ayuda.

El Enigma dijo...

Decir las penas siempre ayuda, a hienas con pochoclo, o hienas que cobran en psicoterapias ;)

Saludos

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

rebecca milans dijo...

una terapia con hienas es siempre efectiva

javier dijo...

Una tarde de verano, me bajé de una Meharí donde estaban todos sobrios, pero tan animados como en la historia.

Al pisar la pinocha mojada por la lluvia, mi sandalia se rompió, en el instante en que las risas se alejaban con el agudo motor enfriado por aire.

Justo ahi, sentí un alivio muy similar al de la protagonista, y la cara comenzó a dolerme por las risotadas recientes y casi forzadas.

La risa honesta no duele

minoviodecide dijo...

acá en australia es una noche lluviosa y estoy con minoviodecide y nos gustó mucho lo que escribiste sobre la confesión en el taxi, las noches lluviosas y tormentosas son ideales para las confesiones.

felipe dijo...

me gusto esta sintesis urbana,