domingo, abril 10, 2005

stiletos o muerte

como mujer alta promedio tengo una proverbial envidia por las mujeres petizas. ellas tienen la coartada perfecta para encaramarse en largas botas negras de plataforma sideral – como las que usarían las coristas de una gira de los rolling stones, pero con bikini de cuero – por el ínfimo hecho que están más cerca, mucho más cerca del piso. ya lo dijo el bueno de juan ruiz, el arcipresre de hita en su elogio a la mujer pequeña, tienen muchas ventajas estas mujeres en el terreno amatorio. lo que aparenta como una desventaja les deja a ellas un terreno fértil para justificar cualquier fantasía en materia de calzado. soy una militante de los tacos altos por eso conozco tan bien las incipientes peladillas en las cabezas de los hombres mucho antes de reparar en el ancho de sus hombros. hay asuntos que no interesan a la mujer pequeña porque su perspectiva del espacio es diferente e insisto, beneficiosa. porque el amor ciego es y si una no ve algo malo, tiene mas chances de enamorarse imprudentemente. la mujer alta compite aunque no lo quiera, con los hombres. se encorva de vergüenza en la pubertad, se esconde cuando es la última de la fila en el colegio, se autoexilia en los zapatos de taco bajo, algo tan poco femenino. quizás, una vez que pasa la tortuosa adolescencia, puede revalorizarse y entender que sus piernas pueden ser la inspiración para más de un poeta, pero si no vive este proceso puede quedar resignada a planchar en los bailes o a hacer los saques del partido de voleibol en la playa. yo opto por la múltiple personalidad, algo que me da mucho resultado. alterno los pies descalzos con los tacos vertiginosos de nueve centímetros, el calzado deportivo con las sandalias de plataforma. es un poco extraño, lo entiendo, pero al menos no me aburro.

sábado, abril 09, 2005

vuelo demorado

¿ les dije que odio los aeropuertos? aquí estoy, varada hace más de dos horas y sin traer mi bordado, que siempre resulta tan útil en circunstancias como esta. aburrimiento al por mayor, en fin, no tanto porque acabo de aplastarme un dedo contra una puerta de aluminio y esto me mantendrá entretenida por el resto de la tarde. la uña empezará a ennegrecer, se inflamará la cutícula y la piel hasta que mi índice se convierta en un gusano de los dibujos animados, una especie de ser intermedio entre morcilla dulce y el dedo de un mamut recién descongelado. ahora mi vida tiene sentido otra vez, hay algo de que quejarse y olor a tostadas en la cafetería. no puedo ser más feliz, me siento como en casa.

viernes, abril 08, 2005

entre trenes

voy en tren desde naxos a messina a ver una puesta de ópera en el teatro vittorio emanuele. nadie me garantiza la llegada en hora como para escuchar el primer acto de il bugiardo de goldoni. los trenes del sur de italia son así, imprevisibles, como a mi me gusta. no tengo diseñada ninguna estrategia de retorno para taormina cuando pase la medianoche. quizás a veces sea mejor perderse por ahí sin tener a mano la otra mitad del mapa. es un vacío agradable. tal vez pueda pasar la noche en un banco de la estación con mi vestido fabuloso de mil capitas de gasa y mis zapatillas rosa. podría taparme con mi mini saco de moahir y con una punta del abanico que llevo en mi mini bolso de noche. comparto vagón con dos ancianos de sombrero y tiradores que parecen ir también al teatro. hablan graciosamente en dialecto y me hacen chistecitos convencidos de que les entiendo algo. adoro el tono de vida de los sicilianos. todo parece lento y espeso en aquella isla. después de una noche de canto y luces otra vez espero el tren. pasará a las dos. si señores, tengo una certeza : un tren va a la peligrosa catania y me deja otra vez en el primer enclave griego en la isla: giardini-naxos, la base desde la cual puedo ascender al pueblo con vista al etna donde estoy instalada en il albergo del sole. todo es mucho más moderno y funcional de lo que puede imaginarse cualquier viajero que no ha pisado esta parte de la bota itálica. los bancos de la estación son modernos y con un diseño magnífico que los hace cómodos hasta para echarse una siestita. me hice de un amigo ocasional, un hombre de piel cetrina de unos treinta y cinco años. me invitó a un café latte, aun quedan cuarenta minutos para el tren. accedí encantada, su español es excelente.ni una gotita de acento italiano. me pide para hablar en español y monologa con encanto en una de las versiones más exquisitas que escuche de mi lengua natal. estudio en la cátedra de español de la universidad de palermo. me dijo que, para no olvidarse de su amado segundo idioma, lo usa por las noches, para rezar.

jueves, abril 07, 2005

siga el baile

quizás el mejor velorio que alguien podría celebrar en mi honor tendría orquesta y baile desenfrenado hasta la salida del sol. no voy a ser original cuando les diga que el ambiente de los bailes es bien singular. empecé a asomarme a este universo cuando tenia unos doce años de la mano de un grupo de brasileños del sur que habían llegado a la zona este con motivo del carnaval. la sensación de pasar toda la noche en una pista, junto a cientos de cuerpos desconocidos sacudiéndose con gracia entre papel picado, máscaras y delirio, fue un bautismo perfecto para convertirme a la religión bailable. he recorrido diversos géneros y estilos, algunos improvisando, en otros poniendo cara de piedra y lanzándome al ruedo y también tomando clases porque en las aulas también está parte de la magia. en general he tenido instrucción en cuestiones más bien clásicas como salsa, merengue, cha-cha-cha y casino. más recientemente intento develar los secretos de la milonga. cada pista es una historia y cada ambiente aporta compañeros diferentes, códigos secretos, señas específicas y mínimos indicios que solo pueden decodificar los iniciados en esta peculiar semiótica de mover el culo. he tenido amistades inolvidables de pista, amores posibles e imposibles, pero sobre todo una manera de ver la vida a través del cuerpo en movimiento. puedo saber solo con mirarlo, si el hombre que me saca a bailar sabe hacerlo bien o si solo intentará pasar el rato. entonces me pongo inquisidora y pregunto antes de salir al ruedo : ¿ bailas bien ? a lo que un típico macho uruguayo contestará, sintiéndose un genio : ni idea, bailando soy un perro . así que borraré su sonrisa con una respuesta tajante : solo bailo con los que saben más que yo . el tonto, convencido que es un canchero bárbaro me dirá quiero que me enseñes , dándome oportunidad de clavarle en el lomo la última de las banderillas, con la que se irá ensangrentado y vencido, no soy un colegio suizo .

miércoles, abril 06, 2005

hoy te apuesto que te sigo

a las 12:04 empecé a seguirlo. salíamos del shopping. él con su bolsito, seguramente terminaba su horario de trabajo, algo de fácil deducción por su paso resignado. yo venía del cine, de ver una de alex de la iglesia. como esa mañana no había entrenado mis diez kilómetros, necesitaba estirar un poco las piernas. a veces me gusta elegir un hombre, al azar y ver a donde va. a veces son viajes cortos y previsibles, pero otras veces surgen datos insospechados que anoto en mi cuadernito de apuntes de tapas duras, que tiene un tigre dibujado y alguien me regaló después de ir a chile. es el mismo sitio donde garabateo los post que después publico aquí. a pesar de emprender este improvisado plan nocturno, pienso que este seguimiento ya estaba programado, al menos yo tenía puestos mis zapatos de correr. el buen hombre fue hasta la esquina de rivera y luis alberto de herrera y se paró a esperar un ómnibus. revisé un poco la fauna que habitaba aquella esquina por si aparecía un candidato más interesante para hacer la caminata. había un joven rubio, con aire de seminarista arrepentido y mochila anaranjada. una pareja de jóvenes, ella con todo lo que necesita una petiza para ser dominadora y él con aire de flaquito encantador entregado a su dueña. había un moreno alto y elegante con dos libros y también un grupito de chicos con guitarras colgadas de la espalda. decidí seguir detrás de carlos, bueno, me parece bueno bautizarlo para poder diferenciarlo de los demás. a pesar del otoño, el clima estaba bastante templado y el 468 con destino a la paz fue el vehículo elegido por nuestro héroe, el hombre temporalmente perseguido. como no viajan muchos pasajeros, pude elegir un punto estratégico desde donde controlar los movimientos de mi presa. después empecé a recordar fragmentos de la película que disfruté especialmente. el trayecto fue bastante corto hasta que carlos se paró, así que bajé tras él en la caja de jubilaciones. atravesamos la explanada apenas iluminada por un inmenso carro de chorizos y nos internamos en la calle colonia rumbo a la ciudad vieja. caminé despacio y le di una ventaja de más o menos ochenta metros. el buen carlos camina como un robot, con su bolsito a cuestas. una, dos, tres, diez cuadras. apenas se detiene en el semáforo de ejido. pensé que tal vez se desplazaba hasta una nueva parada de ómnibus, de las que van hacia el oeste de la ciudad. pero no. carlos no dejó de caminar. pasamos por un tramo céntrico bastante concurrido por pasajeros de hoteles y algunos turistas, pero a la altura de río branco el camino estaba oscuro y monótono. unas zancadas más allá y carlos se metió en el casino del radisson. entré detrás de él y demoré unos minutos en adaptarme a la oscuridad de la sala de los slots. di unas vueltas por la ruleta y ni rastros. cuando pensaba que había memorizado la cara de cada uno de los apostadores y que mi perseguido se había esfumado realmente decidí tomar un trago en el bar. habían pasado unos cuarenta minutos y ya tenía ganas de volver a casa cuando reconocí, en la mesa de punto y banca, enfundada en smoking negro, la espalda de carlos.

martes, abril 05, 2005

robando el viento

espero la llegada de los primeros fríos. busco mi chaqueta de neopreno y me preparo para leer el parte meteorológico que anuncie una fuerte sudestada. cuando tenga este dato me iré a punta del diablo para sentarme en la playa de la viuda a esperar que el viento me arrase. es la misma playa que hace unos años tenia como salvavidas a giovanna pittaluga, una periodista italiana de más de setenta años, activista en top less, que bajaba todas las mañanas con el equipo de rescate, su reposera y un sombrero. para una cazadora de vientos, el enclave de la viuda, es ideal. muchas rocas y una buena extensión sin resguardo ni intrusos. mi viento favorito es el que sopla en la tarde pero si hago el viaje, trato de tomarlo a todas las horas posibles. el resto del tiempo lo gasto en prender el fuego y pasar la noche con algún trago de vodka, lo que a veces alienta a una salida nocturna a las rocas otra vez a tomar viento, a veces en compañía del arveja, que es un perro con manchas blancas y negras que parece salido de un escorzo de las meninas de velázquez. todos los perros ahí se llaman “ casi “ porque se supone que son “ casi “ como gente. me gusta estar en un sitio donde todos los perros son iguales o casi. todos hijos de la misma madre, pero no piensen que la perra ha sido puta, no. tuve el honor de conocerla y se llama casimira. una perra fina y de cierta estirpe también. no tuvo prejuicios para cruzar su sangre con cuantos perros canijos había en el pueblo y es evidente que mejoró con su descendencia el pedigree local. en los inviernos de esta bravía costa atlántica quedan muy pocas cosas cuando pasa la marea. unos pollos solitarios atravesando las polvorientas calles, la secuencia infinita de los perros que son todos iguales, las mujeres que fuman y esperan la llegada de los barcos, las viejas, que mienten sobre cualquier asunto, la capilla cerrada, la comisaría vacía, la casa de videojuegos tapiada, el mercadito con la fruta pudriéndose y las mandíbulas resecas de cientos de tiburones que penden desde una tanza en los puestos de chucherías. y yo ahí, extranjera, robándoles el viento.