emprendemos el ascenso por una ruta lisa, llena de curvas generosas y vegetación tupida. nadie baja por este camino hermoso, solo un solitario ciclista se suma, lentamente al esfuerzo. trepado tras la montaña, descubrimos el valle de tierra magnata. a nivel del suelo, todo parece pintado con una brocha gruesa de tonos hierro, grana, púrpura y carmín. por los aires, una cadena de enormes cumbres curvas, como bochas de helado intenso, pintadas con follaje, colocadas en hilera, como en una bandeja de copelia. parecen cascarones de barquillo pintados con azúcar de color verde, como un efecto de repostería llevado al paisaje. dicen que los mogotes son formaciones calcáreas pero prefiero pensar que son de oblea. desde el mirador se ve como una escenografía gigante, llena de pájaros, bestias salvajes y hombres protegidos por sombreros donde caben diminutos carros, caballitos, bicicletas. es en este espacio plano donde se cosecha y se guarda, con celo el mejor tabaco del mundo. hay una misteriosa sucesión de casitas de madera con techo de latón y ventanas religiosamente pintadas en tonos pastel, en su interior habitan y se secan cientos de hojas marrones y perfumadas. son los palacios del secado lento, guardianes del secreto ancestral de la maduración y el siempre necesario transcurrir del tiempo. porque la belleza necesita de cuidados, de mimos, de una mano que sea generosa y delicada y también del movimiento de las agujas del reloj. ordenados con maestría, colgados hacia abajo descansan los cogollos de donde saldrán las hojas seleccionadas de escasas nervaduras que irán directamente al armado de los más prestigiosos cigarros. creados exclusivamente con las mejores hojas de la selección, pegados con esmero y manipulados con especial cariño tarde o temprano se transformaran en sofisticados puros. una vez que descansen algunos serán cubiertos por una última capa oscura y debidamente anillados para convertirse en los maduros numero cinco, en sus versiones genios, mágicos o secretos. en ese momento podrán ingresar a suntuosas cajas de madera con taracea donde se combinan hermosas incrustaciones. tal vez desde ese momento, se alejen para siempre de aquella tierra roja, espumosa y caliente que los vio nacer .
lunes, agosto 18, 2008
jueves, agosto 14, 2008
lejos de transilvania
hablamos por teléfono del príncipe de lampedusa, de su extraña dieta de pastas y masas y sus horas y horas acostado leyendo y releyendo literatura universal en los restos de su castillo siciliano. hay datos de su vida, que se me habían olvidado y empiezan a saltar alegremente desde la memoria a la punta de la lengua. reconstruimos escenas de sus tiempos de infancia y los viajes polvorientos en carruaje y la llegada a la casa de piedra donde le daban limonada fresca. saboreo esta conversación y me vuelven las sensaciones dulces de la noche anterior, que me quedan pegadas en la piel. especialmente unos ojos que parecen estar siempre, a punto de llorar de tan oscuros. solo hay que dejar que el cable del teléfono cuelgue relajado como mi cabeza sobre la almohada. me faltan unos doscientos cuarenta minutos de sueño y mantengo esta extraña vigilia en la que reconstruyo cada gesto de ternura, como si fuera el rosario de un nuevo culto que quiero repetir hasta agotarme, solo por su valor litúrgico. salidos de cada una de nuestras criptas, sobrevolamos los tejados de pizarra negra de la ciudad vestidos con nuestras largas ojeras triangulares. aleteamos alejados de los crucifijos de las iglesias, de los pararrayos de los edificios altos y de los espejos, mientras nos vamos enredando sin querer, desde el aliento hasta el cuerpo. cierro los ojos y descanso con el palpitar suave de un corazón desconcertado, dibujando pintas y líneas curvas en el horizonte en color sanguina. dos extraños, dos vampiros, dos almas en pena que se buscan, se encuentran, se pierden en el tiempo. todo el aire de la noche queda impregnado de una espesa capa de ambrosia, de un inmenso vaho de mil hilos de caramelo que permanece aun cuando sale el sol y nos encontramos, otra vez, encerrados en nuestros sarcófagos.
sábado, agosto 02, 2008
el rey papa frita
no ha cumplido treinta años y ya es un monstruo. no luce como tal pero será cuestión de horas. reina entre las bandejas de plástico, los manteles descartables de papel y los preciados sachets de mayonesa. administra las acciones de cientos de inútiles desde un puesto clave y fundamental. lo hace con gracia y entrega. cerca de la parrilla y de los dioses, interviene con su mando entre el mundo del colesterol y las bocas de los clientes hambrientos. cada uno de sus actos está contaminado por un rictus de ensayada superficialidad, falsa eficacia y efecto de hastío. a sus súbditas las ordena con un simple movimiento desaprobatorio de nariz. tan solo una inclinación y ellas empezarán a descomponerse entre la máquina expendedora de papas fritas, el aceite hirviendo y los envases de cartón barato. es muy probable que al finalizar la jornada, después de cargar enormes bolsas negras de nylon llenas de desperdicios, algunas de ellas cuelguen sus uniformes y se retiren, convencidas sobre su inutilidad y la obligación de renunciar por no estar a la altura de las circunstancias laborales. probablemente algunas elijan regresar a la escuela nocturna a finalizar las materias pendientes del secundario, aspirando a una vida y un futuro venturoso. él es tan exigente, que formará parte de sus sueños y pesadillas por mucho tiempo. aparecerá en los momentos menos pensados, como la imagen de un padre severo y al mismo tiempo implacable. pocos podrían liderar como él la comanda de entrega de hamburguesas, distinguir entre un envoltorio de las que llevan cebolla de las que solo van de queso. su sabiduría infinita es capaz de organizar refrescos sin hielo y con hielo; grandes, medianos y súper grandes y las apreciadas bebidas dietéticas. sin su brillo, seria imposible combinar cada uno de los miembros del combo: hamburguesa, refresco y papas en perfecta armonía. su sensibilidad y entrega, su talento y porque no, su genio lo recortan como un mozart en viena, despegándolo de todo lo demás, a la hora del almuerzo.
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viernes, agosto 01, 2008
otra vez hacia lo imperfecto
cada hueco de su cuerpo es un misterio. cada pómulo, una humorada incompleta, inacabada. someterlo es una tentación, observarlo en su asombro, una obligación. a veces es tan extraño tenerlo en la cabeza que el pelo se desordena y cambia el sentido de los remolinos y la peluquera me observa, impotente, con el cepillo y el secador, sin saber que hacer ni que dirección tomar. cuando lo evoco todo se pone a correr en el sentido contrario. todo se desborda y sale, fuera de la lógica, de la estampa prevista y de la cordura. es un como un hálito de excitación urbana, de misterio nocturno. cada encuentro es raro, extraño y vital. apenas me tropiezo con él y no sé muy bien porque, tengo un imparable deseo de ronronear, lamerlo y apretarlo al mismo tiempo. ¿será un maleficio del invierno, un capricho de noche montevideana, un agujero negro repleto de erotismo y depositado en ningún lugar? después de una charla ritual nos perdemos por la calle para besarnos con violencia y nuestros dedos se estiran para meterse bajo la ropa, como si fuera necesario cerciorarnos de la existencia de la piel, del calor, del latir y del humedecerse del otro. todo es tan fragmentario como el tiempo, como la historia cuando no está en un libro, como si fueran recortes en la memoria de un tipo senil. a veces siento que buceamos en ninguna parte, solo por el hecho de calentar el cuerpo con el roce, de mojar otra vez los labios o el sexo, obligados a reconocer la soledad de los cuerpos, el chasquido de las voces, el barrido de los ojos de uno sobre el otro. ahí estamos, iguales y renovados, impregnados y animados en el silencio, en el vano de la oscuridad, bañados de instintos lúgubres y festivos como dos marionetas independientes, sin los hilos del saltimbanqui, mareados por el desconcierto y la calentura, olvidados como viejos zapatos en un escaparate.
jueves, julio 31, 2008
nueva vida
era un sitio de corte marginal, donde aterrizaban algunos desconsolados que subían desde los bares del puerto y los cobardes que no querían involucrarse en peleas de cuchillo con los coreanos que azotaban el bajo en los inicios de los ochentas. ahora alguien está tratando de convertir, este rincón ignoto de la plaza independencia, en un reducto chic. cuando tratas de comprar una vulgar libreta de esas de tapa celeste encuentras que, en el kiosco de la esquina, el único modelo disponible a buen precio es una libreta con tapas escocesas, de diseño burberrys con cartón plastificado. a pocos metros del sitio abrieron un café con música ambient y una carta con opciones refinadas. el aroma es excelente, mezcla de café recién molido con chocolate. el clima, los muebles, el tono bajo de las mozas cundo te atienden y el estilo hedonista hacen el resto. millones de revistas nuevas, brillantes y con tapas decoradas con mujeres lindas están a mano para los que se aburren a la hora del desayuno o el té. la luz y la temperatura son perfectas para escribir. atrás quedaron aquellas épocas de decadencia en que este sitio se llamaba “el antequera “y era un depósito de almas en pena. un pasillo largo, frío y oscuro con una barra en el medio y una hilera de mesitas de cármica mal alumbradas con sillas destartaladas. era un lugar diseñado para los que naufragaran a altas horas entre las piernas frías de una ciudad inhóspita; los que perdían en los bingos, los que perdían en las carreras de caballos, los que perdían todo el tiempo alguna cosa. ante todo, fue el escenario de un hecho mítico: cuando rosa luna, la diosa del candombe, el monumento de carne y carnestolendas, cortó a un hombre. no cortó con el hombre, lo picó con un puñal. este antecedente policial-glamoroso debería haberlo preservado, no como un bar "patrimonio de la nación" pero al menos como mausoleo o al menos como advertencia para todos aquellos hombres que se propasan con nosotras sin medir las consecuencias.
jueves, julio 03, 2008
shortcito de pelos
el sábado las cinco nos fuimos a lo de uri en el pueblo, a las cinco de la tarde, a pintarnos las uñas por cinco pesos. pero no había luz en lo de uri así que la expedición de belleza se nos frustró un poco. estábamos ahí, en la vereda. no podíamos sacarnos las cejas, ni pintarnos las uñas y mucho menos peinarnos y ponernos ruleros hechos con el cartón del papel higiénico porque el secador de pie no funciona sin corriente. entonces no subimos a la furia blanca y fuimos por un spray mata-mosquitos para mi oficina. pero el comercio ya había cerrado y amenazaba con llover. mientras dábamos vueltas en el auto empezamos a hablar de comida y ahí surgió el nombre de un restaurante con una carta prometedora en un pueblo que se llama guira de melena. según amanda, nuestra inspiradora este sitio tiene en la pared una pintura sugestiva, una chica y su shortcito de pelos. un must en la cultura sexual vernácula. un modelo de depilación que solo se impone por esta isla y hace escuela. las chicas se depilan las piernas a partir de una linea imaginaria perpendicular, a la manera de un short. cuando ellos las ven en bikini, deliran ante tanto vestuario simbólico. esa tarde si bien logramos encontrar el sitio, había cerrado sus puertas por lo que tuvimos que buscar otra opción gastronómica a la vuelta de un hospital donde amenizaron el almuerzo con un aire acondicionado a todo dar, tostones rellenos con salsa y queso y un dvd de celine dion al mango. de todos modos teníamos que ir a ver el cuadro asi que hoy fuimos a comer al náutico, sitio que debería tener tres estrellas en la guia michelin. ustedes saben que este blog no tiene fotos, pero creo que el shortcito de pelos amerita una excepción. disfrútenlo..
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