por causa de una lotería hormonal existía aquel extraño, bizarro y maravilloso día ocho. el día más largo del mes, el día más caliente del invierno, la primavera, el otoño y el verano. un pequeño collar de doce cuentas anuales de sexo indiscriminado. un boleto para pasear sin límites por el bajo vientre. todo era posible y en cualquier circunstancia. el portero de aliento a caballo viejo podía incluso, verse sexy e insinuante pese a no despegar el cigarro de la boca ni esbozar una mínima sonrisa. aquel hombre de cabeza cuadrada y mirada torva que tenia la cintura de un refrigerador lleno de melones podía llegar a ser un adonis. una mínima señal y ella se tiraría en picada en los brazos de aquellos seis obreros pasados de peso y años que revestían con gesto cansino, hacia varios meses, un edificio de ladrillos. un micro de estudiantes secundarios llenos de granos y olor a paja, el policía que dormitaba bajo los tubos fluorescentes en el interior de un banco en la noche, el dependiente de la farmacia que se sabia mil nombres de remedios de memoria pero carecía de otros intereses. todos eran bonitos, todos eran prospectos para irse a la cama, todos estaban misteriosamente, buenos. no esta un día para llamar a un ex y sugerirle un encuentro, no era un día para conductas histéricas. el día ocho había llegado a su vida solamente para bajar cualquier barrera posible, social, estética, olfativa, conceptual u operativa. por esas horas se encerraba a la razón para dejar solo espacio al corazón y a cumplir los deseos urgentes. en fin, sigamos usando eufemismos. igual el lector sabrá comprender de que hablo.
domingo, octubre 07, 2007
sábado, octubre 06, 2007
coco taxi
subidas en la esfera amarilla y veloz, a toda maquina y con el viento en la cara nos sentimos como en el auto de adelante de cualquier persecución hollywoodense. el taxista nos intenta dar un mini tour que no pedimos, describiendo la historia del barrio chino, que se parece a las historias de todos los demás barrios chinos que conocemos. tiene el casco puesto no para prevenirse de accidentes sino para evitar el ruido estruendoso de su maquina de tres ruedas. rodamos primero hacia el mar que se ve especialmente brillante en esta tarde tropical, desembocamos en una columna griega o corintia o algo parecido. Debe ser una replica que algún gobierno europeo regalo en un momento de bonanza o que algún rico dueño de casino atesoro alguna vez para pavonearse frente a sus amigos. para nosotras solo vale la sensación del motor vibrándonos el cuerpo y la aventura de atravesar una ciudad en esa suerte de aparato mágico y precario. tomaremos un refresco en el hotel inglaterra, no en la terraza calurosa, sino en un digno salón donde ven béisbol en la tele, hay aire fresco y un mozo lleno de ceremonia. ahí vamos a hablar de chicos, de oscar wilde, de johnny deep y de toda una galería de lindos por siempre. después caminaremos un tramo mínimo por la calle, solo lo necesario para comprar unos libros, ponernos en la agenda de una peluquería y revisar algún que otro negocio de la glamorosa calle obispo. perdemos el tiempo para encontrarlo, nuevamente en el camino de regreso al centro, otra vez en coco taxi, calladas y oyendo el ruido del mar, la charla del taxista y el zumbido interminable del motorcito forzado hasta el extremo por darnos ese último viaje de rock and roll.
domingo, agosto 12, 2007
ficción en las cuatro ruedas
dice mi chofer que no pueden evitarse las mentiras de taxistas. que es todo un género. que se alimenta por las noches en las paradas frías donde solo un mate y una mentira logran alentar a los trabajadores del volante, ávidos de mitos urbanos. ayer tuve dos viajes al pinar, ida y vuelta. me hice para toda la semana. el martes a las seis de la mañana me salió un viaje al aeropuerto y cuando estaba volviendo, uno a punta del este. anteanoche se subieron tres chiquilinas. lindas pibas, bien vestidas. querían que aceptara un celular por llevarlas a carrasco. como les dije que no entonces me ofrecieron sexo. iban a comprar droga. salieron de una casa bien, de clase media. hablaban como chicas de colegio, no parecían prostitutas ni chiquilinas de cantegril. el taller es otro sitio donde las mentiras parece que están a la orden del día. es decir, hay una serie de victimas clásicas de las mentiras de taxistas. los primeros son los demás taxistas, después están los patrones, después los mecánicos, los empleados de la estación de servicio que lavan el taxi, los parientes y después, los pasajeros. mi taxista circunstancial los denuncia sin mucho asco. me da formulas para darle pie a un taxista, para que desarrolle su mentira. dice que es bastante fácil, uno les tira un cabo y ellos enseguida se agarran de la soga, como desesperados. a mi me gusta el cuento clásico del taxista al que se le subió una pareja de una mujer joven, muy linda con el marido y el marido se la entregó. el quería mirar, claro. ella estaba como un fuego. este cuento, alguna vez, también me lo contó beto, un fletero poco glamoroso de la empresa tucumán. quien sabe, capaz que en otros tiempos, antes de sacar aquella gigantesca panza, manejó un taxi.
domingo, agosto 05, 2007
la conspiración de la nostalgia
comprobado: las mejores historias sobre conspiración, se escuchan dentro de los taxis. este asunto crucial en la vida urbana, se convierte en un gran problema en una ciudad, donde se ha inventado una pantalla de fibra semitransparente que separa los pasajeros de los conductores, denunciantes naturales de las cadenas más odiosas de asociación para delinquir. pues bien, los amantes del género debemos acostumbrarnos a escuchar historias entrecortadas por la caída fugaz en el interior de un bache, la interferencia del sistema de radio, la bronquitis del conductor o su bajada del tono coloquial al cómplice, donde a veces perdemos partes jugosas del relato. las hipótesis de los taxistas abundan en argumentos sólidos condimentados con coherencia y lógica. parecen las intervenciones de los fiscales brillantes de algunas series de la televisión. todo es comprobable, todo es factible, como se supone que es la verdad. hace poco tiempo un taxista aprovechó un viaje más o menos largo en una noche de temporal para reflexionar sobre la conspiración de la nostalgia. aquella en la que intervinieron, entre otros, magnates del negocio de las fiestas de apolillados junto a meteorólogos corruptos y una cadena más de mercaderes de la desgracia. el temporal del 23 de agosto era inminente, pero la venta anticipada de entradas para la noche más esperada del año en la que cien mil personas pagan fortunas por bailar música envasada al vacío, no podía frenarse. cientos de espacios reservados con un año de anticipación, servicios contratados, personal, alimentos y bebidas no podían quedar, de un momento a otro, sin financiación. alguien calló a los meteorólogos, alguien calló la voz de los expertos de bagé que alertaron sobre los vientos de 150 kilómetros por hora, alguien se hizo cargo en su consciencia de los muertos y los destrozos. también alguien dejó que la verdad subiera a un taxi, vestida de teoría, detrás de una pantalla de fibra de vidrio.
domingo, julio 29, 2007
nylon y plumas
al salir esta mañana vi su sombra, moviéndose en la puerta de mi casa, en el corredor más exactamente. una silueta conocida y querida, una silueta imposible, inexistente en el territorio de los vivos. con esa tibieza en el alma por el inesperado reencuentro, pude salir al frío de un sábado de invierno aquí en el sur, donde sopla fuerte desde la mismísima puta madre. no me fijé pero seguramente por las veredas circulaban señoras con arreglos de pingüinos en la cabeza. tocas de foca de pelo corto, bikinis de chinchilla y otros accesorios de seres vivos de naturaleza polar. este es un sábado de elegancia, no hay dudas. nadie tuvo la osadía de taparse con diarios o andar descalzo, al menos en mi presencia. a todos se los veía orondos bajo sus capas de búfalo con botones de cocodrilo del ártico. el ambiente del antiguo convento de la calle ocho de octubre estaba gélido, pero los paneles cubiertos de fotonovelas en color alegraban un poco la cuestión. caminé creándome un cierto suspenso, como protagonista en una película de novicia embarazada, perseguida por la maldad de la hermana superiora en un intrincado laberinto de corredores inmensos. me imaginé a una muchachita de las uñas frágiles, con las medias un poco caídas separada del páramo apenas por un vidrio. en ese momento me entraron unas enormes ganas de tener un bigote de chocolate a la española, de aquellos que me preparaba en la infancia, con una receta medio variable de mi padre, que incluía maicena para espesar. tuve ganas de estar con sombrero de piel de zorro, bailando en la pista de un club húngaro, con un vestido tejido de lana con flores celestes en fondo gris y marrón, con botas de piel y medias dobles, apretada en por los brazos de un galán alto vestido de saco negro, con un cierto olor a naftalina.
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domingo, julio 22, 2007
hasta siempre, comandante
me tomo un campari con pistachos en el jardín del nacional. se oyen los trinos de unos pájaros que aúllan, seguramente desde el rigor de una jaula. en un rincón, un exquisito cuarteto constituido por contrabajo, cuatro, flauta dulce y bongó lleva adelante una versión de yesterday. suena bello y bizarro a la vez, dado el entorno. unos turistas italianos aprovechan la ocasión para conversar por su celular. a pedido del pueblo turístico interpretan hasta siempre, comandante . las voces son espectaculares. todo huele a nostalgia, a un pasado glorioso que no volverá por mas que se recree una y mil veces gracias a las propinas en dólares. el hotel de 1930, la música de la revolución hecha para turistas rubios, es lindo pero también apesta. la acústica de esta pasiva es sensacional, la columnata de mármol que me separa con el verde del jardín y la fuente mejoran lo inmejorable: un grupo de afinados naturales, unos talentosos desde la cuna. de las canciones del ardor revolucionario a la garota de ipanema, todo puede ser posible. una negra se hace la turista disfrazada con un sombrero y un par de hojotas de celeste rabioso. este hotel es más familiar, mas reservado también. hay muchas gringas con la piel blanquísima y casi ninguna mujer local con aire de estar en servicio. tengo el plan de alimentar a los pájaros con el resto de mis pistachos. esos pájaros que me tienen seducida desde que llegue. son negros algunas veces y otras, azules. los alimentaré en memoria de chris penn . la primera vez que lo vi, fuera de la pantalla, estaba tirándole pistachos en el bar de un hotel a una ardilla. a veces lo hacia el, a veces enviaba a su abogado. ahora esta muerto pero para mi, el hermano gordo y feo de los penn aun tiene quien le escriba.
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