domingo, junio 18, 2006
recetas del buen amor
sábado, junio 10, 2006
revelaciones en la quinta
domingo, junio 04, 2006
telemarketing y coronillas
llamo porque quiero saber si le llevaron la leña. espere un segundo que voy a preguntar. si, el jueves vino la leña. ah. porque ? porque el domingo voy a ir a su edificio a llevarle leña a su vecino y queria saber si a usted no le convendria tambien encargar leña. no, ya tenemos leña. pero tengo a peso con cincuenta el palo y estan muy secos, muy buenos. pero ya le dije que compramos leña. si pero el domingo voy a ir a su edificio al 204 y entonces....¿ cual es su apartamento ? como...? me llama y no sabe con quien esta hablando ? porque se la voy a llevar a juan carlos. bien, pero aquí no vive juan carlos y no queremos leña. claro, pero no se olvide que el domingo voy por ahí y tengo una leña a muy buen precio, seca y se la voy a llevar a juan carlos y si usted va a estar... ¿ estara el domingo usted en su casa ? mire esta no es mi casa. la dueña no está. no se si estará el domingo pero ya me dijo que no quiere leña. digame a que hora habra gente yo voy y se la muestro. ¿ todavía no entendió que aqui nadie quiere leña ? que no hay sitio para guardar mas leña en esta casa señor ademas no voy a estar, ademas la dueña no quiere comprar más leña. usted me esta tomando por idiota ? esta bien. pero no se enoje. |
viernes, junio 02, 2006
es mía y a mucha honra
martes, mayo 30, 2006
paseando por la bella
sábado, mayo 27, 2006
los trucos de un viejo zorro
ahí estaba osvaldo, enfrentado al espejo y a mi cabeza medusa enredada de espeso pelo marrón. solo, como clint eastwood en el duelo final de un spaguetti western, munido de un cepillo redondo numero uno. como si tuviera una 22 o un revolver de juguete con fulminante. arma insignificante si las hay. trataba de hacer pesar su veterania, su don de lobby, pero eso no podría alcanzar para satisfacer mis exigencias. el lo sabia. yo lo sabia. pero seguíamos ahí, perdiendo tiempo en el espejo principal de la peluquería, yo con la cabeza mojada y arrepentida de haber entrado, él con la duda pertinaz sobre su capacidad de dominar mi pelo. nunca admitiría que no sabia peinarme. que no tenia la mas mínima idea de cómo pulir una punta del cabello. ni las más mínima. por esa razón saltó sobre una planchita de láser que guardaba, para casos de emergencia, en una cajita cartón. enchufó el aparato y empezó a rostizarme el pelo hasta que tocó mi oreja y mi pequeño gritito más el olor a carne quemada lo desanimó un poco. ni la tecnología podría evitar aquella evidencia : no sabía peinarme y era el dueño, amo y señor del salón de belleza. de allí salían las mujeres aduladas y mal peinadas a la calle, peor cortadas y mucho peor manicureadas. de su templo, el que dominaba desde su metro noventa de altura y sus aires de duque en el exilio. entonces utilizó el truco más antiguo : la conversación. ese que no usan las peluqueras jóvenes de cortes desmechados que generalmente me atienden, porque sólo tienen tiempo para aplicar la técnica y recibir la propina. osvaldo podía darse el lujo de demorar aunque ya fuera de noche. hacer preguntas, comentarios graciosos y movimientos totalmente falsos alrededor de mi cabeza, como si estuviera ocupado con el diseño de una planta nuclear. idas y venidas con el mini cepillo, retorcidas inútiles del pelo y esa frase matadora que todo lo puede : “ pero que ojos tan preciosos tiene “. |